En su primera aparición pública de este año, el dictador Daniel Ortega dejó entrever que no está dispuesto a dejar el poder al anunciar “una nueva etapa” de su “proyecto revolucionario” y anunció un “gran diálogo nacional” después de las elecciones del que ya marcó la agenda: un acuerdo conjunto para pedir a Estados Unidos una “política de respeto” a Nicaragua, lo que implicaría el cese de sanciones a su régimen.  

“Tenemos que unirnos nuevamente todos los sectores para en un nuevo capítulo, en una nueva etapa de esta revolución, de la reconciliación, del entendimiento y de la paz, logremos construir en las nuevas condiciones la gran alianza, la gran unidad que logramos construir en esa primera etapa hasta el año 2016 (se refiere a 2018) y que se derrumbó”, dijo Ortega en un acto realizado en la Plaza de la Revolución, en Managua.   

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En más de 90 minutos de discurso Ortega no hizo referencia a un proceso de reforma electoral que demanda la oposición de cara a las elecciones presidenciales del 7 de noviembre. Sin embargo, recordó que, según el Consejo Supremo Electoral que controla, el proceso electoral estaría iniciando el mes de mayo.  

“Aquí ya el Consejo (Supremo Electoral) la primera información la dio a conocer el año pasado, que se estaría iniciando el proceso en mayo, esa es otra tarea que hay que atender indiscutiblemente para garantizar la continuidad de todos estos proyectos que han venido caminando”, comentó.  

EL DIÁLOGO POST ELECTORAL

Según Ortega, después de las elecciones de las que se ve vencedor, en Nicaragua se entablará un proceso de diálogo nacional y llamó al presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, a adoptar una “política de respeto” hacia Nicaragua luego de señalar que en ese país norteamericano “hay una dictadura bipartidista”.  

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“Se trata de ir trabajando para que después de las elecciones de este año se pueda entablar un gran acuerdo, un gran diálogo nacional, para que lo que quedó aprobado en la Constitución vuelva a caminar, tomando las nuevas circunstancias lógicamente y que le hagamos un llamado a los gobernantes norteamericanos, en este caso particular al nuevo presidente de los Estados Unidos, al presidente Biden, que Estados Unidos pueda trabajar con una política de respeto y entendimiento hacia Nicaragua”, agregó.  

Una “política de respeto” que demanda el régimen implicaría el cese de sanciones que desde abril de 2018 Estados Unidos ha adoptado contra funcionarios, instituciones y empresas señaladas abusos de corrupción y violaciones de derechos humanos. 

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