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    Reporte 505

    Ortega y Murillo en guerra feroz contra la Iglesia: Ofensas, golpes, persecución, exilio y amenazas de cárcel

    El cierre del Canal Católico de la Conferencia Episcopal es el último de una sucesión de hechos que demuestran cómo Ortega y Murillo arremeten contra la única voz que se atreve a denunciar a lo interno lo que ocurre en el país. ¿Hasta dónde serán capaces de llegar?

    Hasta antes de abril de 2018, Daniel Ortega había mantenido una relación distante, pero respetuosa con la Conferencia Episcopal de Nicaragua. La llegada de la crisis sociopolítica desatada por la represión a las protestas de ese año hizo que los obispos, como era de esperarse, se pusieran del lado de las víctimas. Hoy el régimen con sus acciones ha declarado la guerra contra la Iglesia.

    La salida de la parrilla de cable del Canal Católico de Nicaragua, Canal 51, propiedad de la Conferencia Episcopal, es el último de una sucesión de hechos que demuestran cómo Ortega y Murillo arremeten contra la única voz que se atreve a denunciar a lo interno lo que ocurre en el país.

    El 19 de julio de 2018, cuando se contaban 93 días de protestas y ya había más de 150 muertos, Ortega convirtió a los obispos y sacerdotes en objetivo de ataques de sus simpatizantes.

    —Yo pensaba que eran mediadores—, dijo en referencia al papel de mediación que habían realizado en el Diálogo Nacional entre el Gobierno y la oposición. —Pero no, estaban comprometidos con los golpistas. Eran parte del plan con los golpistas—, continuó airado durante el acto en el que su partido celebraba 39 años de una revolución que derrocó a otro dictador en 1979.

    Fue en la Plaza de La Fe, en Managua, y entre los invitados estaba el representante del Vaticano, Waldemar Stanislaw Sommertag. Pero a Ortega no le importó, apuntó al clero y ha ido tras ellos todo este tiempo.

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    El dictador pasó de las amenazas a los golpes y después al asedio utilizando turbas, policías y parapolicías, forzó el exilio de religiosos, ordenó asaltos a templos, los mandó a profanar y llevó al límite las relaciones con la Santa Sede al expulsar al nuncio. Está en guerra contra la Iglesia, la institución de mayor confianza y credibilidad entre los nicaragüenses.

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    GOLPES Y CUCHILLOS

    Diez días antes del discurso de Ortega, el 9 de julio de 2018, los fanáticos del régimen se lanzaron con palos, cuchillos y armas contra varios sacerdotes y obispos que llegaron a Diriamba para intentar pacificar una ciudad bajo ataque de policías y paramilitares del régimen.  

    Era lunes y desde la medianoche del domingo los armados habían dado muerte a 11 civiles.  Encabezaron la misión de la Conferencia Episcopal, el nuncio Waldemar Stanilaw Sommertag, el cardenal Leopoldo Brenes y monseñor Silvio José Báez.

    Los fanáticos armados sitiaron la basílica de San Sebastián. Dentro del templo se refugiaban manifestantes heridos que habían escapado de los feroces ataques. Cuando los religiosos ingresaron al templo fueron atacados por los orteguistas. A monseñor Báez lo hirieron en el brazo con un cuchillo, y otro par de sacerdotes recibieron golpes en la cabeza y otras partes del cuerpo.

    LEA ADEMÁS: Censura a la Iglesia: Eliminan el Canal Católico de Nicaragua de la señal de Cable

    Doblellave.com/Foto Cortesía.

    Ortega ordenó a sus simpatizantes cruzar la línea contra los sacerdotes y estos no dudaron en obedecer. Los religiosos volvieron a Managua con sus sotanas manchadas de su misma sangre y el alma destrozada. Lloraron y de rodillas pidieron por los agresores.  

    CONSPIRACION PARA UN ASESINATO

    El obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, monseñor Silvio Báez, no solo dejó Diriamba aquel día con una marca en el brazo. Desde entonces, los fanáticos lo colocaron en la mira del régimen.

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    Algunos meses después, en abril de 2019, el obispo denunciaba que estaba en marcha un plan para asesinarlo. Fue alertado por el Departamento de Política de la Embajada de Estados Unidos en Nicaragua de que su vida corría peligro. Era el mes de junio de 2018.

    El plan criminal no solo era dirigido a él, la entonces embajadora estadounidense, Laura Dogu, estaría también en la lista de los matones.  Báez compareció públicamente con el cardenal Brenes el día de su denuncia. Juntos confirmaron que debía salir de Nicaragua por órdenes directas del papa Francisco.

    Silvio Jose Baez, obispo auxiliar de Managua.

    Desde esa denuncia Báez no ha vuelto a Nicaragua. Vive bajo exilio forzado en Miami, Estados Unidos, pero no ha cesado su labor pastoral y sus reflexiones contra la dictadura. La iglesia no parece ceder.  

    SECUESTRADOS EN SUS TEMPLOS

    En noviembre de 2019, el padre Edwin Román, quien por esos días administraba la parroquia San Miguel de Masaya estuvo cerca de morir descompensado producto de la diabetes que sufre y la falta asistencia y medicina. Durante nueve días el sacerdote y familiares de presos políticos permanecieron secuestrados en el templo.

    Los familiares de presos políticos llegaron a la iglesia el 14 de noviembre y tras asistir a una misa anunciaron que iniciaban una huelga de hambre para exigir la libertad de los detenidos. Policías y parapolicías de nuevo mostraron que cumplían cabalmente las órdenes de mantener el ataque a la iglesia Católica, rodearon el templo y no dejaron que nadie saliera ni entrara. El régimen ordenó que les cortaran hasta el agua.

    Adentro, el sacerdote y algunas madres de presos políticos empezaron a mostrar un deterioro en su salud. Afuera antimotines y civiles armados impidieron todo el tiempo hasta tener noticias de las personas que estaban en el lugar. No fue sino hasta nueve días después que la Cruz Roja pudo tener acceso al lugar y ver a los huelguistas, que ameritaron ser trasladados para valoraciones médicas de urgencia.

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    El 16 de enero de este año el padre Edwin Román aceptó un exilio forzado en Miami debido a las amenazas y asedio que recibía en su parroquia por el apoyo que ha dado a su comunidad contra las injusticias estatales. Román salió del país para un chequeo médico y sus superiores le recomendaron quedarse un tiempo. El sacerdote critica los abusos del régimen desde sus redes sociales.

    LA QUEMA DE LA FE

    De todos los ataques que ha sufrido la Iglesia, las profanaciones a sus templos han sido para el clero las expresiones más dolorosas. En ocho meses del año 2020, al menos nueve templos fueron profanados.

    Los católicos denunciaron que personas desconocidas incursionaron por la fuerza a los templos, robaron y destruyeron imágenes, rasgaron cortinas y quebraron instrumentos que eran utilizados en la celebraciones litúrgicas.

    Las más grave de las profanaciones ocurrió en la Catedral de Managua el 31 de julio de ese año cuando un incendio, en una de sus capillas, calcinó la venerada imagen de la Sangre de Cristo, una reliquia de 382 años de historia.

    Así quedó la imagen de la Sangre de Cristo.

    Con una extraña teoría que culpa a gases y cambios de temperaturas en el lugar, la Policía del régimen quiso hacer creer que en el incendio no hubo mano criminal, pero la las autoridades eclesiásticas sostienen que fue un «atentado terrorista». El episodio, denunciado por el mismo Papa, representó una escalada más en los desencuentros entre la Iglesia y el régimen.

    CONTRA EL HOMBRE DEL PAPA

    El Nuncio Apostólico en Managua desde 2018, monseñor Waldemar Stanislaw Sommertag, llegó a ser impopular entre muchos nicaragüenses por sus relaciones con el régimen. Le criticaban que asistiera a los eventos oficiales porque olvidaban que además era un diplomático de El Vaticano.  

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    El 5 de marzo de este año, la dictadura se encargó de mostrar de que lado estaba el Nuncio. Fue expulsado del país como una escalada más contra la iglesia Católica. Desde entonces no ha habido explicación oficial de ninguna de las partes sobre los motivos, pero queda claro con la acción, que la grieta entre la dictadura y los religiosos se agrandó más.

    El nuncio fue clave en las liberaciones de los primeros presos políticos de las protestas de abril y aunque no hay una versión oficial sobre el tema, se dijo que el religioso presionaba al régimen para que liberara a los detenidos en fechas recientes.

    Pero la dictadura no para de agrandar la lista de hechos que evidencian su guerra contra el clero. Esta semana arreció la persecución al obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, quien se encuentra en ayuno y oración en una parroquia de Managua ante el feroz asedio contra él y su familia.

    Este viernes la dictadura les arrebató la señal del Canal Católico que se servía en cable.

    Son irónicas tantas muestras de odio a la Iglesia. Rosario Murillo habla casi todos lo días de Dios, pero ataca visceralmente a los religiosos de cuya fe profesa y su marido, entre abril y mayo ha usado referencias y evocaciones religiosas en 37 intervenciones públicas.       

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