Recientemente el gremio médico en Nicaragua recomendó usar,además de las mascarillas, las llamadas caretas, porque protegen toda la cara.

Hasta hace pocos meses los protectores faciales eran objetos extraños, pero gracias a la pandemia de coronavirus, hoy están entre los accesorios más buscados en las tiendas de Nicaragua.

Recientemente el gremio médico en Nicaragua recomendó usar,además de las mascarillas, las llamadas caretas, porque protegen toda la cara, y pronto estas pasaron de ser artefactos médicos, toscos, e incómodos, a unos que todo el mundo busca, desde niños hasta ancianos, en cualquier material, precio y diseño.

Así, hay visores fijos, flexibles, duraderos o descartables, transparentes, o con figuras reconocibles de superhéroes, princesas, o con bordes de colores, algunos van adheridos a gorras o cascos, y generalmente son elaborados de acetato, acrílico, plástico, o polietileno tereftalat (PET), con precios que van desde los dos a los 18 dólares.

“Ahora que sabemos que el coronavirus también se contagia por los ojos, la gente los prefiere porque protegen toda la cara, resultan más prácticos que las gafas, y no tenés que preocuparte si tu mascarilla no es N95”, dijo a Efe Nathalyd Borquet Chow, quien distribuye artículos de protección ante la pandemia.

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ALTERNATIVA DE NEGOCIO

Según Borquet, los protectores faciales se han vuelto uno de los artículos más solicitados en su tienda en Managua, tanto por personas particulares, como por empresas.

Las caretas son una de las razones que han permitido que el negocio original de Borquet, de publicidad y bordados, no naufrague en medio de la cuarentena voluntaria que han hecho los nicaragüenses por recomendación de los médicos.

“También hay un tema cultural, aquí la gente ahora hace lo contrario a lo que el Gobierno dice, entonces, si los médicos dicen que hay que cuidarse, prefieren hacerle caso a los médicos. Si el Gobierno no manda cuarentena, la gente la hace de forma voluntaria, si insiste en que no hay de qué preocuparse, la gente se cuida”, sostiene.

En la ciudad de León, en el noroeste de Nicaragua, Mercedes Padilla tuvo que cerrar la tienda de ropa médica que tenía frente al hospital departamental por falta de clientes, pero mantiene sus ingresos desde su casa gracias a la venta de visores personalizados.

“Uno mira cosas en internet, entonces hice unos visores para mí y para mi esposo, la gente empezó a preguntarme, ahora me las piden por docenas, las vendo por internet, ya hay mucha competencia, pero lo que vendo me permite sobrevivir”, indicó Padilla.

Borquet y Padilla afirmaron que incluso personas que viven fuera del país, principalmente en Estados Unidos, hacen pedidos, para que entreguen los productos en cualquier parte de Nicaragua.

NOVEDADES PARA EL COMERCIO

“Esto ha transformado los negocios, hay más pagos en línea, y más delivery (entregas a domicilio), eso no era frecuente antes en Nicaragua, porque las compras se hacían presenciales”, sostuvo Borquet.

El tema causa risa en Padilla, quien afirmó que nunca pensó que, en su edad madura, tendría a una persona haciéndole publicidad desde Estados Unidos y clientes a quienes posiblemente nunca conocerá, todo lo contrario a su antiguo negocio, donde creaba lazos con sus compradores.

El éxito de los protectores faciales también ha causado impactos no deseados en la “industria” del coronavirus. Algunos materiales, como el teflón, la espuma y el acetato, están escaseando. Eso hace que las caretas estén perdiendo comodidad.

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“El teflón es más práctico, aunque a veces a las mujeres no les gusta porque se enreda en el pelo, ya no se encuentra o está más caro, para la espuma ahora usamos sustitutos, como el foamy”, señala Borquet.

Padilla, quien produce los visores de forma artesanal, recurre al foamy incluso para los diseños externos estéticos.

El riesgo de esto es que los protectores faciales sean cada vez menos cómodos, especialmente para los ancianos y los niños, que son los clientes más exigentes, advirtió Borquet.

Por lo pronto, las caretas se venden como dulce en feria infantil. Portarlas ya no es una rareza y, lejos de ser vistas como un incómodo aparato médico, pareciera ser cuestión de tiempo para que irrumpan en el mundo de la moda nicaragüense.

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