Subirse a unas láminas de zinc que guardaba sobre las paredes de madera que dividen los cuartos de su casa, fue la única alternativa que le quedó la noche del martes a Fernando López Guido de 85 años, para no morir ahogado durante el paso del huracán Iota en Nicaragua.

Acostumbrado al paso de huracanes, tormentas y al rugido del río Nahualapa  que atraviesa la zona norte del municipio de Tola del departamento de Rivas, decidió enfrentar los embates del huracán Iota albergado en su antigua casa de madera con techo de teja ubicada en la comunidad Virgen Morena. 

El huracán que ingresó a territorio nicaragüense la noche del lunes 16 de noviembre traería consigo fuertes lluvias que alcanzarían a todo el país y aunque la casa de esta pareja se encuentra en una zona de alto riesgo por estar a la orilla del río, él se negó a evacuarse junto su esposa Juana María Moraga de 97 años. 

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A las cinco de la tarde del día siguiente (17 de noviembre), la anciana salió con el agua a la altura de las rodillas, pero su esposo dijo que se quedaría en casa porque pensó que las lluvias no causarían una crecida del río que representara un peligro de inundación mayor.

24 HORAS SUBIDO EN PEDAZOS DE ZINC

Por esta decisión, reconoce, su vida llegó a estar en peligro, ya que tras la partida de su esposa el nivel del agua siguió subiendo y un nieto que se encontraba de visita le tuvo que ayudar a subir a las láminas de zinc, donde permaneció desde las seis e la tarde del martes hasta el día siguiente. 

“El río ya estaba desbordado por todos lados y las corrientes de agua se llevaron todos lo que teníamos en la casa, todo lo de la cocina, sillas, dos camas, la ropa y hasta una cerda que tenía en el patio”, explicó López. 

Jaime Antonio Moraga, hijo de la pareja de ancianos, recuerda que a las seis de la tarde del martes trató de llegar hasta la casa de su papá para rescatarlo, “pero ya estaba totalmente inundado, el agua me llegaba arriba del pecho y era imposible ingresar al sector ya que toda estaba a oscuras y dejamos las cosas en manos de Dios”. 

A las seis de la tarde del miércoles, tras 24 horas subidos en retazos de láminas de zinc, decidieron bajar tras percatarse que el nivel del agua había descendido. Inmediatamente se trasladaron a un albergue. 

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Fernando López Guido (87) y su esposa Juana María Moraga (97) regresaron este sábado a lo que quedó de su casa en la comunidad Virgen Morena de Tola.
FOTO: LESBER QUINTERO / DESPACHO505

NECESITAN AYUDA 

Este sábado la pareja de ancianos volvió a lo que quedó de su casa en esta comunidad de Tola.

“Estamos afligidos, no tenemos ni en qué comer, ni en qué sentarnos, ni dónde cocinar porque las corrientes de agua se pasaron arrastrando el fogonero que tenía en la cocina”, lamenta la anciana.

Iota, dice la mujer, les hizo recordar la furia del huracán Juana que impactó en Nicaragua en 1988. A sus 97 años no recuerda haber vivido un huracán tan potente como Iota.  

“Con el huracán Juana la intensidad de las lluvias fueron parecidas, pero había menos casas en las comunidades, no había tanto despale y estaba más joven (sonríe), pero este (Iota)  fue más devastador”, indicó. 

En la comunidad Virgen Morena, de Tola, 10 casas fueron destruidas producto de las fuertes corrientes de agua a causa de las intensas lluvias. Hasta la tarde de este sábado en la comunidad continuaban sin servicio de energía eléctrica.  

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