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Personal médico cumple un año resistiendo a la pandemia 

Según el Observatorio Ciudadano Covid-19, más de 884 trabajadores de la salud han sido contagiados y 116 han muerto. Estos son algunos testimonios de quienes combaten la pandemia en primera línea. 

Se acostumbraron a  vivir con miedo, a callar para mantener sus puestos de trabajo, y a gestionar sus propios medios de protección en pleno auge de la pandemia. El Covid-19  quebrantó su estabilidad emocional y psicológica y les adjunto una mayor carga física.

Aunque el Gobierno  se empeñaba en minimizar el impacto de la pandemia, los hospitales y centros de salud  colapsaron con el incremento de casos. Aparecieron los entierros exprés y los denominados  casos de neumonía atípica hacían imposible no dimensionar la situación.

DESPACHO 505 conversó con tres médicos  en tres lugares diferentes de Nicaragua para conocer sus experiencias tras casi un año  trabajando bajo un hermetismo total y un sub-registro que se ubica como el segundo más alto del mundo, de acuerdo con el doctor Leonel Argüello.

El paciente tosió en mi cara

Mi primer paciente fue un joven de 25 años que llegó al puesto de salud rural, donde trabajo. Al preguntarle por los síntomas que presentaba me respondió que tenía siete días con tos. Le tomé la temperatura y en efecto presentaba 39.2 grados de fiebre, me pareció muy raro, pero aun no relacionaba su sintomatología con Covid-19, primero porque  el puesto de salud está en un comunidad rural, bastante alejada, y segundo porque no estábamos acostumbrados a tratar con el virus,  nuestros casos solían ser más de dengue o chikungunya.

Le pedí que abriera la boca para revisarle la garganta y empezó a toser en mi cara. No estaba usando mascarillas, porque se nos habían terminado. Eso ocurrió en mi turno  y cuando atendí al paciente ya llevaba horas de trabajo. Me sentía  cansado del turno,  solo estábamos la enfermera y yo atendiendo a todos los pacientes que llegaban al puesto de salud.

Le mandé a  hacer pruebas de orina y todo salió normal, fue ahí cuando me alarmé y empecé a preguntarle  por sus nexos epidemiológicos.  Me confesó  que su abuela había muerto de Covid, y que su mamá y papá estaban graves por el mismo virus. Ahora no puedo describir el terror que sentí. Mande a muestrear al paciente y efectivamente era positivo, simplemente me aterré.

En ese momento lo  primero que piensas es en tu familia. Era viernes y tenía pensado irme a mi casa el  sábado. No fui por miedo. No quería acercarme a nadie, no  quería quitarme la mascarilla, ni los guantes.  Dejé de ir a mi casa por dos meses.

Me contagié en junio y aún no estoy bien 

Al principio de la pandemia, a los médicos que no estábamos directamente en la sala de Covid 19,  no se nos dio medios de protección eficientes. Solo mascarillas y por nuestra propias gestiones conseguimos que organismos independientes nos regalaran caretas, batas, gafas… 

Los médicos nos sentíamos desprotegidos. Los pacientes ingresaban a quirófano, los atendíamos y después nos decían que ese paciente había dado positivo y quizás no habíamos tomado todas las medidas, como en el área de Covid 19. Hubo un momento en que ingresaron tantos pacientes que todos eran considerados un posible positivo.

En mi caso me contagié a mediados de junio. Lo supe por los síntomas y no porque me hayan hecho una prueba. Perdí el gusto y  el olfato, tenía dolor en el cuerpo, congestión nasal  y tos , lo que me llamó la atención fue la tos. Me hice una placa en los pulmones, y le envíe la radiografía a un amigo neumólogo que estaba a cargo de la sala de Covid. Me dijo que mi pulmón tenía signos de haber adquirido el Covid 19.

Me mandaron a cuarentena por 15 días,  casi no comía, mi sueño se alteró completamente, no dormía del todo y me estresé porque mi mama tenia síntomas, mi abuelita que tiene alzhéimer también se puso mal. Se me juntó todo a la vez. Emocionalmente estaba mal. Soy Jefa de Área y tenía que organizar a mi gente. Hubo personal que se resistió a entrar a la sala de Covid 19  del hospital. Me sentía abrumada por todo lo que estaba pasando. No podía acercarme a nadie, tampoco abrazar a nadie.  Me reintegre a los 15 días, pero no me sentía bien, es la fecha y no estoy bien.

Seis meses meses después, mis dolores musculares siguen, igual el malestar en la garganta. Desarrollé lo que los médicos llaman neuritis post Covid. Se me inflamó el esófago, he tenido dificultad para tragar, tengo dolores en las articulaciones y el cuello. Me estoy haciendo exámenes para ver si este dolor va a ser crónico. Tengo miedo de infectarme nuevamente.

Me he acostumbrado a lidiar con la muerte

He estado en contacto directo con los pacientes Covid-19 desde que empezó la pandemia. Mi esposa y yo decidimos que lo mejor para la familia era que me quedara  en un cuarto solo y así no estar en riesgo.

Mi esposa estaba aterrada. Yo también, pero debía disimularlo. Con el paso de los días me acostumbré a lidiar con la muerte, al menos eso creo. Mis hijos saben que no pueden abrazarme apenas llegue, deben esperar a que me bañe y  cambie ropa, también tienen prohibido entrar a mi cuarto. Fue duro al principio porque ellos no comprendían que no podían tener contacto con su padre a pesar de estar en casa.

Llegaba a mi casa a encerrarme, a veces a llorar, era prisionero en mi propio espacio, tenía a mi familia tan cerca y lejos a la vez. Mis  colegas me preguntaban sobre los casos y no podía compartir esa información porque está prohibido. En la sala somos pocos médicos trabajando, así que si algo se filtraba sería fácil saber de dónde provenía la información. Fueron meses de mucho estrés laboral, pero también familiar.

Mi esposa también se vio obligada a cerrar la clínica. Ha sido un año de estrés emocional y económico, y ahora no quiero acordarme de esos primeros meses. Han sido los días más duros de mi vida.