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Politólogo y profesor de FIU

Eduardo Gamarra: “Yo no veo que Ortega esté dispuesto a respetar los derechos humanos, menos a entregar el poder”

A la dictadura Ortega Murillo parece importarle poco las sanciones de la comunidad internacional, pues a cada sanción a sus funcionarios responde con escalar la represión. Para el experto en Ciencias Políticas, la única medida que podría “debilitarlo” es la suspensión de Nicaragua del Cafta, sin embargo cree que ocurrirá en el corto plazo.

Por Cristian Tórrez | Agosto 23, 2021

Eduardo Gamarra,  experto en Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de la Florida (FIU), es una de las voces más reconocidas sobre la política en América Latina. La crisis sociopolítica que vive Nicaragua le intriga y la observa de cerca: más que las sanciones aplicadas a altos funcionarios del régimen de Daniel Ortega y su familia, le preocupa el efecto que estas podrían tener de cara a su debilitamiento. 

El politólogo Gamarra deja claro que no es que esté en contra de las sanciones al régimen sino que hasta ahora no han cumplido con el propósito de hacer respetar los derechos humanos de los nicaragüenses y menos reestablecer la democracia en el país. Para él, la suspensión a Nicaragua del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (DR-Cafta) sería un duro golpe, sin embargo  “no creo que se llegue a eso, por lo menos no a corto plazo, porque hay otros temas en el tapete de Estados Unidos”. 

Hay quienes consideran al presidente Joe Biden como “el solucionador de los problemas de América Latina”, en realidad,  ¿qué podemos esperar del Gobierno de Estados Unidos en relación a la crisis sociopolítica que vive Nicaragua?

Estados Unidos está viviendo un proceso de aislacionismo que se inició desde la época de Barack Obama, y lo está continuando el Gobierno de Biden. Esto se refleja con lo que está pasando en Afganistán. El enfoque es América primero. Hay un sentimiento de aislacionismo muy grande y dentro de esto,  está la terrible oferta de invasión que le hizo Donald Trump a los venezolanos a sabiendas que nunca iba a invadir Venezuela, y los venezolanos lo creyeron. Si el Gobierno de Estados Unidos no ha invadido Cuba en 62 años, no lo va a hacer ahora tampoco. Ese discurso  de invasión lo han utilizado muy bien  los regímenes autoritarios para jugar su papel de víctimas, cuando ellos saben que eso no va pasar. 

De hecho, la “lucha” contra la invasión del “imperio yanqui” es una de las principales diatribas en los discursos de los gobiernos populistas, el dictador Daniel Ortega, lo ha mantenido durante 40 años.

Esta idea de que los gringos van a invadir es un discurso que ellos mismos se han encargado de alimentar a su conveniencia,  y le han venido dando cuerda desde hace décadas, porque quieren culpar a los Estados Unidos del deterioro de sus economías. Los cubanos lo han  hecho  durante 62 años. Aseguran que la razón de su situación es el bloqueo, cuando  se debe al mal manejo de los recursos del gobierno cubano. Estos gobiernos tienen una  filosofía económica que no funciona, entonces se auxilian de ideas intervencionistas y culpan a las sanciones para justificar el deterioro de sus economías . 

 ¿Cuál es el verdadero impacto de las sanciones? ¿Podrían estas contribuir a debilitar al régimen de Ortega — Murillo?

Lo que está haciendo Washington es  básicamente  aplicar sanciones a individuos. Las sanciones a individuos no tienen mucho impacto. El problema es que el Gobierno de Estados Unidos no puede obligar a los demás gobiernos del mundo a aplicar a Nicaragua sanciones universalmente, sino cada país lo hace de manera individual. Lo más peligroso de todo esto, es que estos regímenes están conscientes de ello, saben que pueden continuar con las violaciones internas de derechos humanos, porque no hay un mecanismo a nivel internacional que pueda detenerlos.

¿Qué pasaría si se aprueba la suspensión del de Nicaragua del Cafta?

Ese es el único mecanismo de presión internacional que podría tener impacto, porque es un tratado de libre comercio que le permite a Nicaragua vender sus productos sin aranceles en Estados Unidos. Definitivamente esa sería una sanción severa para el autócrata de Daniel Ortega, pero no creo que se llegue a eso, por lo menos a corto plazo, porque hay otros temas en el tapete que a Estados Unidos le interesa abordar en la región centroamericana como el tema migratorio o cómo ayudar al Triángulo Norte  sin gastar demasiado, por tanto,  no veo que esa decisión sea fácil de tomar.

Desde esa perspectiva, en temas de política exterior, ¿qué tan relevante sería para la administración Biden tratar la crisis sociopolítica de Nicaragua?

Si ponemos a Nicaragua en el orden de prioridades en el contexto internacional, desde la perspectiva de Washington no hay mucho interés. Si bien la comunidad nicaragüense es grande en estados como la Florida, no es una fuerza electoral que tenga poder de convocatoria en Estados Unidos. 

"Continuaremos hablando de violaciones de derechos humanos, irrespeto a la Constitución, porque hasta ahora no hay mecanismos que puedan detenerlo, más allá de las sanciones, que se les han aplicado", dice el experto.

¿A qué otros mecanismos se podrían recurrir para ejercer mayor presión, dada la ola de represión que el régimen de Daniel Ortega ha desatado en Nicaragua?

La denominada comunidad internacional no tiene otro mecanismo para obligarlos a cambiar o  peor aún para obligarlos a dimitir, por tanto, el escenario más probable es que la democracia nicaragüense continúe deteriorándose y el régimen de Ortega continúe la represión para eliminar a  la oposición en el país.

A nivel interno ¿qué podría hacer  la oposición nicaragüense? 

El problema es que Nicaragua ya no tienen oposición, todos están presos o en el exilio, lo que me hace pensar que Ortega hará otra farsa electoral en las elecciones de noviembre, se va reelegir y continuaremos hablando de violaciones de derechos humanos,  irrespeto a la Constitución, porque  hasta ahora no hay mecanismos que puedan detenerlo,  más allá de las sanciones, que se les han aplicado.

Lo que sucede en Nicaragua es el reflejo de una de las principales amenazas que enfrenta la región Latinoamericana, donde  la autocracia ha tomado un peligroso protagonismo. Según el reporte del Índice de Transformación Bertelsmann (BTI, por sus siglas en inglés), realizado en 2020 por la organización independiente Bertelsmann Stiftung, por sexto año consecutivo las  democracias en América Latina y el Caribe se están deteriorando, mientras el número de autocracias se consolidan, alcanzando un máximo histórico. Seis en total: Venezuela, Nicaragua, Cuba, Haití, Guatemala y Honduras.

 Un deterioro marcado por la ausencia de elecciones libres y transparentes, la obstaculización de la competencia política, en el caso de Nicaragua, la aprehensión de los principales adversarios políticos y el socavamiento intencional de órganos de supervisión destinados a rendir cuentas.

¿Qué pasa en la región?, ¿por qué  nuestras frágiles democracias se están deteriorando a este ritmo?

Es el fracaso de no haber logrado construir democracias fuertes, una oportunidad que los “mesías populistas” han sabido tomar ventaja. Como fracasamos en la construcción de democracia y de mercado, entonces creemos en  promesas salvadoras, de ahí Hugo Chávez, Evo Morales y ahora estos personajes como Ortega y Nayib Bukele. 

¿Cómo se podría recuperar la senda democrática?

Esa es la pregunta del huevo y la gallina. En el mundo la democracia representativa costó muchas vidas. Construir democracia no es fácil, en Europa costó dos guerras mundiales. En Estados Unidos, una guerra civil.

El problema es que en Latinoamérica no existe una coherencia  entre valores e instituciones, lo que hay son constituciones que hacen pensar que hay democracia, como decía Octavio Paz, “maravillosos pedazos  de papel”. Cuando tienes estas incongruencias entre valores e instituciones pasa lo que estamos viviendo ahora.

Pero Estados Unidos ha reiterado en varias ocasiones el apoyo a la construcción de democracia en Latinoamérica. 

Estados Unidos ha ayudado a muchos países latinoamericanos a diseñar estrategias de anticorrupción y en papel todo parece perfecto, los países latinoamericanos tienen maravillosos esquemas para luchar contra la corrupción, pero no hemos podido cambiar los valores, y ese es el verdadero problema. Latinoamérica debe enfocarse en atacar estos  males desde la raíz, tú le preguntas a cualquier persona en Latinoamérica sobre cuáles son los principales problemas a abordar en sus países y te van a responder: generar fuentes de empleo y combatir la pobreza, cuando lo más importante es  luchar contra la corrupción, porque  la razón, por la que no encuentran trabajo y viven en pobreza se debe a los altos índices de corrupción. 

Y mientras tanto, ¿cómo lidia la región con estos gobiernos autócratas? 

Prefiero dejarte esta reflexión: El pueblo cubano lleva 62 años con un gobierno Comunista,  Venezuela lleva más de 20 años, desde que Chávez tomó el poder en el 99.  El régimen de Daniel Ortega ha estado viendo lo que pasa  en Cuba, Venezuela, y en los demás países con regímenes autoritarios, ellos  saben que van a sobrevivir, porque piensan que  pueden evadir las sanciones.  Hasta el momento yo no veo que Ortega tenga ninguna intención de  respetar los derechos humanos de sus ciudadanos, menos a entregar el poder. ¿Qué pueden hacer para detenerlo? Tú me dirás.