Ciudadanos de Reino Unido, Australia, Corea del Sur y Japón han salido a las calles a protestar por la muerte del afroamericano George Floyd en Estados Unidos.

Las protestas contra el racismo, tras la muerte del afroamericano George Floyd a manos de policías en Estados Unidos, se han extendido a importantes ciudades del mundo, a lo largo de esta semana.

Cientos de personas se manifestaron hoy pacíficamente en las calles de Tokio y Seúl para protestar contra el racismo.

En la capital japonesa unas 500 personas de diversas nacionalidades marcharon y se manifestaron pacíficamente frente a la céntrica estación de Shibuya, según informó la agencia Kyodo.

Además de condenar la actuación policial en el caso Floyd, el grupo protestó también por la fuerza excesiva empleada por la policía tokiota al detener, sin motivo aparente, el pasado 22 de mayo a un ciudadano turco de origen kurdo residente desde hace años en Japón.

En Seúl, un centenar de personas, varios de ellos estadounidenses, marchó por el céntrico barrio de Myeongdong portando mensajes con el lema “Black lives matter” (las vidas negras importan), que ha encabezado las protestas en multitud de puntos de Estados Unidos.

La marcha transcurrió sin incidentes, informó la agencia Yonhap.

Las protestas antiracistas por la muerte de Floyd, que falleció el 25 de mayo después de que la policía en Minneapolis lo inmovilizara durante casi 9 minutos impidiéndole respirar, han prendido en diversos puntos del globo.

Protestas en Tokio, Japón.

En Australia, decenas de miles de personas marcharon este sábado por varias ciudades de Australia para protestar contra el racismo y las muertes de aborígenes australianos cuando se encontraban bajo custodia de las autoridades, así como en solidaridad por las manifestaciones tras la muerte de Floyd.

“El racismo es una pandemia”, “el silencio blanco es violencia” y “detengan las muertes bajo custodia policial”, son algunos de los carteles que acompañaban a banderas aborígenes durante la marcha hoy en Sídney, donde se congregaron unos 10.000 personas.

En las escaleras del ayuntamiento, una activista aborigen exclamaba entre ovaciones: “Queremos justicia. No más muertes bajo custodia policial”.

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“Somos los dueños tradicionales de esta tierra y estamos unidos no solamente por el color con nuestros hermanos negros en Estados Unidos sino con los indios nativos. Tenemos algo común con todas las naciones negras de todo el mundo porque hemos sido colonizados con violencia y genocidio”, decía otro de los ancianos aborígenes durante la marcha.

Desde 1991, según las cifras oficiales, 434 aborígenes han muerto mientras eran arrestados o en las cárceles de Australia, país que durante décadas ha discriminado a los indígenas con leyes represivas y vulnerando sus derechos.

Entre las muertes de aborígenes se encuentra la de David Dungay, de 26 años, quien falleció en 2015 en el hospital de una prisión de Sídney mientras era inmovilizado por cinco guardias.

“No puedo respirar”, exclamó hasta 12 veces Dungay antes de perder la vida.

Unas palabras similares a las que pronunció la semana pasada el afroamericano Floyd mientras un policía le presionara el cuello con la rodilla en Mineápolis, Estados Unidos.

En memoria de Floyd y de los indígenas fallecidos la multitud que se congregó durante la protesta con el lema “Black Lives Matter” (la vida de los negros importa) hincó una rodilla en el suelo en señal de protesta y respeto por las víctimas.

“Se han cometido injusticias no solamente en Estados Unidos, sino también en Australia con las muertes de los indígenas bajo custodia”, comentó a Efe el australiano Paul Korgersky.

“La vida no es fácil para nosotros los negros, no tenemos los mismos derechos y tenemos que pensar dos veces antes de hacer cualquier acción”, dijo a Efe la afrobrasileña Alini Melho.

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La Policía del estado de Nueva Gales del Sur, cuya capital es Sídney, recordó a los manifestantes “mantener 1,5 metros de distancia entre ellos” como medida de precaución ante la pandemia de la COVID-19.

Y aunque en general la marcha fue pacífica, la policía tuvo que actuar contra un pequeño grupo de manifestantes dentro de una estación de metro.

Otras protestas pacíficas similares se realizaron en ciudades como Melbourne, Brisbane y Hobart, y también en pequeñas localidades del interior.

En Londres también se han registrado protestas por la muerte de Floyd.

La manifestaciones de esta semana derivaron en escenas de tensión con la policía frente al 10 de Downing Street, residencia oficial del primer ministro británico, Boris Johnson.

Al menos dos manifestantes forcejearon con los agentes que custodiaban las puertas de esa calle, cerrada al tráfico por una verja metálica, y uno de los policías recibió un puñetazo, según imágenes divulgadas por la cadena “Sky News”.

En torno a treinta policías, vestidos con su uniforme habitual y sin equipos de protección especial, formaron una barrera para contener a la multitud de cientos de personas que se agolpaba en la avenida Whitehall con carteles en los que se leía “Black Lives Matter” (“Las vidas negras importan”, en inglés).

Horas antes, miles de personas se habían concentrado en el céntrico Hyde Park para condenar el racismo y expresar solidaridad por la muerte de Lloyd, que falleció después de que un policía estadounidense lo inmovilizara poniendo la rodilla sobre su cuello durante varios minutos.

Durante la tarde, algunos agentes de la policía londinense se arrodillaron al paso de la manifestación, en señal de solidaridad con las reivindicaciones de los manifestantes, si bien ya ante Downing Street ninguno de los policías se unió a la multitud cuando se arrodilló.

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