Quienes conocen a René Sándigo creen que después de ser un obispo con muchas luces, vive bajo una sombra que insistentemente lo sigue: se le ve cercano a un dictador cruel que ofende, amenaza y encarcela a sus hermanos de báculo y mesa.

Él lo niega, pero sus acciones lo contradicen y aunque argumenta, no convence sobre su postura. El 12 de agosto pasado, por ejemplo, se le vio muy cómodo con el alcalde orteguista de León, Róger Gurdián, cortando la cinta que daba por inaugurado un paso peatonal ubicado en un costado de la Catedral de la ciudad que incluyó un nuevo testero del templo.   

Ese mismo día, a 117 kilómetros, en Matagalpa, otro obispo, Rolando Álvarez, miembro del clero al cual él pertenece, sufría un día más de secuestro ilegal  junto a sus colaboradores en la sede de la Diócesis de ese departamento. Anochecía con la amenaza de que en cualquier momento los apresaran, como al final pasó siete días después, pero al obispo Sándigo, no pareció importarle la grave acción represiva del régimen. No ha dicho nada públicamente.  

Al religioso, quien administra la Diócesis de León le llueven las críticas por eso.  Los católicos no entienden su silencio en medio de la feroz guerra que el régimen ha declarado a la Iglesia y que ha significado en los últimos dos meses al menos 55 sacerdotes forzados al exilio, dos desterrados vía restricciones migratorias, cinco encarcelados y con procesos penales en marcha, y un obispo “desaparecido”, bajo una cuestionada orden de detención domiciliaria. Pero el silencio es para ellos una consecuencia del problema, la verdadera pregunta que se hacen es: ¿Por qué cambió?

OTRO SÁNDIGO

En Diriá, un pequeño pueblo del departamento de Granada, de apenas 25.5 km2  y 7,221 habitantes y donde Sándigo empezó su vida sacerdotal, algunos que lo conocen de años prefieren recordarlo como era antes de 2014. Creen que después de ese año algo cambió en él. “Entonces era una voz más cercana a la gente y más alejada del poder”, señala un vecino que creció con el religioso. “¿Los sándigos? Eran una familia apreciada aquí”, dice. “Ahora el obispo, es como una oveja negra, se nota muy cercano al poder”, acusa.

Pero hay quienes siguen sintiéndose orgullosos de que un hijo de Diriá haya llegado tan largo. “Es un obispo, no es cualquiera”, lo defiende otro contemporáneo que nació y creció en las cercanías a lo que fue su casa natal, muy cerca de la parroquia San Pedro Apóstol.  Algo no pueden negar; el comportamiento del obispo Sándigo los tiene más que desconcertados, con opiniones divididas sobre las simpatías del religioso en momentos en que Nicaragua vive una de las peores crisis de derechos humanos de su historia con un dictador conocido.         

René Sándigo
René Sándigo acompañado del comisionado de la Policía Orteguista, Ramón Avellán, a su llegada a León como obispo de esa diócesis. CORTESÍA / DESPACHO 505

Hubo un tiempo en el que el religioso no causaba dudas sobre lo que pensaba del sandinismo. Él mismo lo confesó más de una vez que cuando Daniel Ortega, gobernaba vestido de militar, su familia sufrió persecución y exilio, dijo,  igual que muchas familias sufren ahora, aunque ahora vista de blanco y de colores pastel y hable de amor  y paz.

La investigadora Martha Molina, quien ha documentado las agresiones del dictador Daniel Ortega contra la iglesia Católica desde el 2018, cree que lo que hay es una percepción de que todo lo que el régimen “toca» lo daña. “En este caso lo divide”, dice.   “Es posible que el obispo Sándigo asuma posiciones digamos matizadas por su misión pastoral y de eso se aprovecha el régimen para hacer creer que la iglesia está dividida”, explica. 

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DE BUENA FORMACIÓN

Hay dos cosas por las que en Diría el obispo es recordado. “Nos llamaba la atención su nombre, es que como que no para un niño”, dice un amigo de infancia. El otro recuerdo que tienen de él es su pasión por el básquetbol. “Era muy bueno”, agrega.

El obispo Sándigo nació un 19 de abril de 1965. Sus padres lo bautizaron con el nombre de Sócrates René. El noveno de una docena de hijos que procrearon don Enrique Sándigo que en paz descanse y doña Isabela Jirón, un matrimonio muy respetado y querido en el pueblito del departamento de Granada.  

Quienes lo conocen señalan que creció en el seno de una familia cómoda, lo que le dio la oportunidad de terminar su secundaria en un buen colegio, el Salesiano de Granada, dirigidos por sacerdotes que inspiran su formación en la vida de San Francisco de Sales y San Juan Bosco.

Bastante joven ingresó al Seminario Menor de Granada y luego al Seminario Mayor Nuestra Señora de Fátima de Managua.  Posteriormente salió hacia Colombia, a estudiar Teología en el Seminario Conciliar de Medellín y al terminar, partió a Roma para sus estudios en Teología Bíblica.

El 11 de enero de 1992, fue ordenado sacerdote por el que fue obispo de Granada, Leovigildo López Fitoria, alguien que influyó mucho en la formación de Sándigo. Antes de ser obispo, fue párroco en al menos dos iglesias en Medellín; en San Antonio María Claret y en la parroquia El Salvador. Al volver a casa, estuvo de párroco en Diriá, en Granada y Rivas. Y antes de llegar al obispado, Sándigo fue formador de sacerdotes en los tres Seminario Mayores de la Provincia Eclesiástica de Nicaragua, lo que le acercó a escalar bastante rápido en la jerarquía católica.

El 28 de octubre de 2004, Juan Pablo II encontró méritos para nombrarlo cuarto Obispo de la Diócesis de Juigalpa. Al año siguiente, el 22 de enero la iglesia Católica de Nicaragua que dirigía entonces el cardenal Miguel Obando, lo ordenó obispo en una ceremonia en la que participó el ahora cardenal Leopoldo Brenes Solórzano. Sándigo tenía tan solo 39 años, uno de los más jóvenes en llegar a ser obispo del país. 

EL DESENCANTO  

Sándigo llegó a considerar su nombramiento en la Diócesis de Juigalpa  como “la experiencia de un primer amor” como obispo, un amor que duró hasta junio de 2019, 14 años. El papa Francisco, lo mandó después a la Diócesis de León, convirtiéndose en el religioso número 51 en ocupar  esa silla arzobispal, donde parece acentuar más su simpatía con la dictadura.

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“Cuando Sándigo fue nombrado obispo de Juigalpa, de aquí  salieron cuatro buses repletos para recibirlo, pero cuando fue enviado a León si viajaron 20 personas  fueron bastantes y por cuenta propia. La simpatía que antes despertaba ha menguado”, acusa un vecino de los Sándigo en Diría. Allá no le perdonan su silencio ante la matanza de manifestantes de  Granada, Carazo y los llamados Pueblos Blancos, que incluye Diría y San Juan de Oriente, vecinos de la cuna del obispo Sandigo.

En León también le han reclamado. “Desde su llegada nadie le ha oído mencionar una oración por el monaguillo Sandor Dolmus”, reclama un católico de León. Dolmus recibió un disparo en el pecho, el 14 de junio de 2018 durante la “operación limpieza” en su ciudad. El monaguillo, tenía apenas 15 años cuando paramilitares que dispararon a los manifestantes, lo asesinaron en Zaragoza, León.

“Sándigo se ha mostrado insolidario con el sufrimiento de su pueblo, con la persecución de sus hermanos sacerdotes”, dice el periodista Israel González Espinoza especialista en temas religiosos. “La percepción es que él está en sintonía con la represión”, señala.

René Sándigo
El obispo René Sándigo participó en las elecciones generales de 2021, pese a que Ortega se convirtió en el candidato único al encarcelar a los líderes de la oposición. Ningún otro obispo de la Conferencia Episcopal de Nicaragua avaló el proceso. CORTESÍA / DESPACHO 505

González Espinoza dice estar seguro que a la población leonesa no le ha caído en gracia el comportamiento de Sándigo. “El pueblo católico tiene disciplina, pero hay una inconformidad silenciosa, una resistencia discreta”, señala.

DICTADORES LE SALEN AL PASO

Y es que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo se encargaron de mostrar de que lado estaría el obispo desde su llegada a León. Durante el rito de proclamación, al llegar a la Diócesis de occidente, llegó custodiado por el comisionado general Ramón Avellán, y el comisionado mayor Fidel Domínguez, dos de los altos oficiales de la Policía del régimen más desprestigiados del país.

Tanto Avellán como Domínguez han sido señalados por las organizaciones de derechos humanos locales y las internacionales como actores de represión y responsables directos de violentar los derechos humanos de los nicaragüenses desde el 2018 hasta la fecha.

Consciente de que nadie miraría bien la presencia de dos verdugos del régimen, Sándigo tenía su coartada preparada. Cuando periodistas locales le preguntaron sobre cómo lidiaría con las críticas que de seguro arribaban con él a León, respondió que “cuando un árbol no tiene frutos nadie lo vuelve a ver, pero cuando hay frutos la gente garrotea para comer los mangos y las manzanas”. Agregó, que su principal plan al llegar a León era “propagar el evangelio”.

CAMBIO DE CARRIL 

Es posible que haya cumplido. Sándigo, el obispo de la Conferencia Episcopal de Nicaragua que en el 2014 le recordó a Ortega que no sería eterno y que debía dejar para el país un legado democrático y reflexionar sobre el mal camino que emprendía, apagó una de sus mejores luces: hablar directo y sin aparente miedo. El obispo pasó de condicionar entrevistas, a definitivamente no darlas.

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El periodista Emiliano Chamorro, autor de varias entrevistas que Sándigo cedió al diario La Prensa, describe al obispo como “franco y abierto”. Alguien con un buen manejo de las preguntas difíciles. “No se intimida fácilmente, un entrevistado inteligente, prudente todo el tiempo. Se limita a responder lo que has preguntado. Nada dejaba a la suerte de la interpretación”, dice Chamorro a DESPACHO 505.

El exreportero del rotativo que la dictadura tomó con mano militar en agosto del año pasado, también señala que Sándigo es “un tipo afable”, ello aunque las líneas de su rostro lo muestren molesto. “Él es platicón de entrada, se puede dar la libertad de una broma u otra, porque es jovial, yo diría bien humorado”, explica.

Chamorro ve también un Sándigo distinto al del 2014. “Bueno, era un crítico fuerte de la dictadura”, dice. El periodista recuerda sus homilías. “Muchas veces denunció fraude electoral y llamó al orteguismo a corregir, cuestionó la falta de transparencia, pero algo cambió, fue radical, rotundo el cambio”, acotó el periodista.

Israel González dice que él ha negado sus vínculos, pero que “sus acciones superan sus mismas palabras”. El colaborador de varias plataformas católicas no se anda con paños tibios. “El se ha manchado ya. Mientras la dictadura persigue a los otros sacerdotes y prohíbe procesiones, el obispo Sándigo convoca a la feligresía a las calles y los policías protegen esas actividades. No queda claro el motivo de esos privilegios y él no se toma el tiempo para explicarlo”, acusa.

La mutación de Sándigo no tiene fecha precisa. Unos lo ven diferente después del 2014, tras la reflexión del documento que leyó ante Ortega y que los obispos llamaron “En búsqueda de nuevos horizontes para una Nicaragua mejor”,  otros creen que algo pasó en 2018 y hay quienes anotan, que todo inició cuando el 19 de julio del año de la rebelión cívica, Ortega anunció su “guerra santa” contra los obispos. “No se entiende, ¿por qué cambia cuando el represor se radicaliza? Cuando más necesaria es la voz del pastor en defensa de sus ovejas”, dice un católico de León.

Ni González Espinoza, ni Chamorro, ni quienes lo conocieron en el pasado ni los que oyen hoy sus homilías desde la catedral de León entienden el cambio. ¿Es este el obispo que dijo que tuvo que buscar ayuda psicológica para superar su trauma del uniforme militar de los 80 que Ortega le quiso poner a medio país por la fuerza?, se preguntan. “Y nadie lo inventó, lo dijo él mismo”, recuerda Chamorro.  Hoy, el obispo, “le hace el juego” al mismo personaje político que tiene a la iglesia Católica contra las cuerdas, casi asfixiada y al país sin derechos humanos.

¿SEDUCIDO O DOBLEGADO POR EL PODER?

Las especulaciones sobre su cambio suelen ser muchas. Prebendas económicas, “amoríos con el poder”, amenazas, chantajes y no faltan quienes ven estrategia en sus posturas.  Sobre lo primero, aunque la vivienda de Sándigo en Diría sigue sin aparentar prosperidad sospechosa, en el pueblo se habla que a la familia le va mejor que en el pasado. “Se habla de fincas nada modestas, pero ha quedado a nivel de especulación”, asegura uno de los vecinos del religioso.

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René Sándigo
Monseñor René Sándigo al llegar a León convertido en Obispo de esa diócesis. En Nicaragua es el prelado más cercano al régimen de Daniel Ortega, después de la muerte del cardenal Miguel Obando y Bravo. CORTESÍA / DESPACHO 505

¿Amenazas? “También a nivel de especulación, pero en el país todos vivimos amenazados. Hubo un robo hace años en su residencia del que poco se habla hasta hoy. El imaginario colectivo lo relaciona a una computadora perdida con datos sensibles, pero nada hay en concreto”, asegura González Espinoza.   

Chamorro no ve a un Sándigo ambicioso y cree que no hay obispo que no aprecie relacionarse con el poder. “La Iglesia es un poder”, dice. Sí le consta que Sandigo siempre ha sido muy cercano a al menos los dos últimos Nuncios del Vaticano que ha tenido Nicaragua. “Es una cercanía importante que lo ha convertido en una pieza para el Cardenal y claro eso le da ciertas libertades”, explica Chamorro.

“La iglesia es sabia en su forma de hacer las cosas, muchas veces no se entiende desde donde estamos, no sabemos si esa cercanía del obispo Sandigo es una puerta necesaria para comunicarse con la dictadura que a como están las cosas es tarea difícil”, dice por su lado la investigadora Molina.

La investigadora no exagera, la dictadura se cierra cada vez que algún líder se le acerca a intentar un puente para solucionar la crisis. Lo hizo el miércoles 28 del mes pasado cuando desafió al Papa Francisco y a los obispos a ser electos y no nombrados de dedos, aunque él siempre gana elecciones trucadas.

No sabemos lo que piensa el obispo Sándigo de esa crítica de Ortega, tomando en cuenta que fue el único sacerdote que votó en noviembre pasado legitimando la  reelección del dictador, aunque él, no lo considera un “obispo legítimo”.   


LOS HECHOS QUE MARCAN UNA SIMPATÍA DE SÁNDIGO CON ORTEGA

02-12-2016

Contra campesinos

Después de una reunión entre la Conferencia Episcopal de Nicaragua y el secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, el obispo Sándigo culpó al partido Movimiento Renovador Sandinista (MRS) de azuzar al Movimiento Campesino Anticanal contra Daniel Ortega. La líder campesina Francisca Ramírez, desmintió a Sándigo al decir que los campesinos tenían la capacidad de pensar por cuenta propia. 

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22-03-2017

Un viaje polémico

Monseñor Sándigo financia un polémico viaje a Tierra Santa valorado en casi 3.4 millones de córdobas. Al viaje el obispo llevó a 26 personas, incluyéndolo. El hecho fue inédito.  Se cree que el régimen le donó fondos para el costoso viaje.

05-04-2018

Contra los medios

En tiempos en que el Gobierno de Daniel Ortega aspira a silenciar las redes sociales, monseñor Sándigo se pronunció a favor de su propuesta. Dijo que “no es una cosa nueva, ni exclusiva del país, en muchas partes del mundo hay regulaciones de las redes, de los medios, precisamente para que no abusen ni sean portadores de violencia”. Sándigo fue más allá y atacó a los medios de comunicación y los señaló de ser “medios violentos”. “Te lanzan una noticia sin verificar, calumnian al otro, destruyen la integridad de las otras personas y no hay una aplicación de ley que los censure o castigue”, manifestó.

13-07-2018

Silencio cómplice

Un grupo de campesinos y ciudadanos autoconvocados instalaron tranques en la entrada de Juigalpa, en Chontales, para protegerse del ataque de paramilitares y presionar la salida de Daniel Ortega del poder. Los ciudadanos que resguardaban el tranque lo abandonaron como parte de un acuerdo alcanzado entre la iglesia Católica, representada por monseñor Sándigo, el régimen y organismos de derechos humanos. Los manifestantes abandonarían el tranque y a cambio no serían apresados. El Gobierno no cumplió y el obispo Sándigo guardó silencio.

07-11-2021

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Legitimador de fraudes

 Mientras los sacerdotes dijeron que su dactilar estaría limpio y no votarían en los comicios fraudulentos que Daniel Ortega montó en las elecciones generales del año pasado, monseñor Sándigo apareció votando y considerando la acción como un derecho y deber ciudadano. Mientras, al menos siete candidatos presidenciales estaban detenidos. 

1/1/2019

Amigo del régimen

El obispo Sándigo, junto al alcalde orteguista de León, inauguró un nuevo Testero de la Insigne en la Real Basílica Catedral. Mientras en Matagalpa monseñor Rolando Álvarez sufría secuestro ilegal de parte de policías del régimen.