El presidente de la Comisión de Investigación Independiente de las Naciones Unidas sobre las protestas en el Territorio Palestino Ocupado en 2018, Santiago Cantón. EFE/ Martial Trezzini/Archivo

Santiago Cantón, director del programa de Estado de Derecho Peter D. Bell de Diálogo Interamericano, asistió a las elecciones de 1990 en las que Daniel Ortega perdió el poder frente a Violeta Barrios de Chamorro. De ese año, clave para la democracia de Nicaragua, recuerda los rumores que circulaban por los pasillos de que Fidel Castro le recomendó a Ortega no convocar a los comicios, pero de lo que hizo caso omiso. 

Esa derrota marcó a Ortega, dice, por lo tanto el exguerrillero sandinista se convenció de que una vez regresara al poder, nunca más lo iba a dejar. De ahí que Cantón, secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos entre 2001 y 2012, diga que Ortega está dispuesto a morir en el poder. 

En esta entrevista con DESPACHO 505 habla sobre la responsabilidad de la oposición por no unirse y la tardía respuesta de la comunidad internacional, y la pesimista proyección de que es difícil que Nicaragua sea expulsada de la Organización de Estados Americanos (OEA). “Si la comunidad internacional hubiera actuado con toda la fuerza que se está actuando ahora, tal vez se pudo haber logrado algo. Ahora ya es imposible”. 

¿Qué podemos esperar después de las elecciones del 7 de noviembre? 

En primer lugar, es muy importante dejar claro desde un principio que estas elecciones son una farsa absoluta. Son una quimera. Siempre se discute una elección, si los votos estuvieron bien contados o si hubo fraude, pero en Nicaragua sabemos con mucha anticipación que la elección es ya fraudulenta. En segundo lugar, ¿qué va a pasar después? La dictadura va a decir que ganó y ahí va a depender de la comunidad internacional. La gran mayoría a esta hora, de los países que integran la OEA, posiblemente se sumen a denunciar que esa elección no tiene ningún sentido, pero lamentablemente habrá países que se van a abstener o inclusive van a apoyar al régimen. Me parece que en la comunidad internacional ocurrirá algo parecido. El próximo paso es la Asamblea General de la OEA, que se celebrará esta semana, de ahí se va a definir el futuro de Nicaragua. Lo lógico sería que se aplique inmediatamente la Carta Democrática Interamericana, y que se sancione de la forma más dura a Nicaragua. 

¿Cree que eso ocurrirá en esta Asamblea General de la OEA?

Lamentablemente, yo creo que no. Habrá voces que defiendan o que se abstengan, y no pase nada. Lo que se escucha bajo la mesa es que hay países que si bien critican a Nicaragua, no estarían muy dispuestos a dar el paso como para sancionar más duramente a Nicaragua porque debilitan aún más la OEA. Es un argumento bastante, estúpido, con todo el respeto. No creo que pase nada, soy pesimista en relación a Nicaragua. El objetivo de Ortega es morir en el poder, eso lo tengo muy claro. No le importa la gente, la represión, es capaz de mandar a matar a más de 300 personas. Se vienen momentos muy tristes y graves para Nicaragua. 

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¿Qué opciones quedan para los nicaragüenses? ¿Para la oposición?

El tema de la oposición es fundamental, es clave, pero si uno lo compara con otros países como Venezuela, creo que hay una mayor responsabilidad de la oposición por no haberse juntado. La responsabilidad principal la tiene el Gobierno, pero en el caso de Nicaragua es más difícil la responsabilidad de la oposición por la falta de unidad, porque no lo estaban procurando. El hecho que estén presos la mayoría de los candidatos es un argumento muy fuerte en contra de la crítica por  la falta de unidad de la oposición. El accionar de Daniel Ortega marca una diferencia y la responsabilidad de no tener una elección clara es responsabilidad de él, aunque sí creo que a futuro la única alternativa para Nicaragua y Venezuela es una gran unidad en contra de la dictadura, de la no democracia. Las batallas que se están dando en la región no son ideológicas, no son entre izquierda y derecha, es entre quiénes creen en la democracia y los que no. La oposición democrática debe aprender esa lección y dejar a un lado la ideologías para defender el Estado de Derecho que está retrocediendo en toda la región.

¿Qué podría hacer cambiar de rumbo a Ortega, más presiones como la Ley Renacer?

Se están dando todos los pasos para que Ortega cambie de rumbo. Es muy difícil dar más pasos. A Ortega no le importa su pueblo, como dije. No tiene un ápice de revolucionario o el interés en los nicaragüenses porque está para quedarse en el poder, y para morir en el poder. Ortega ha creado una de las dictaduras más crueles que podemos llegar a tener en la región.

¿Cree que importa la crisis de Nicaragua a Estados Unidos y la UE? La semana pasada Borrell hacia una autocrítica a la UE de que no estaba mirando como debía a América Latina 

Hay una serie preocupación por el retroceso del Estado de Derecho en América Latina, es una preocupación que está en Estados Unidos, que vivió una situación compleja en ese tema. Pero la región que ha vivido los procesos más largos democráticos desde su independencia de España hoy está viviendo un claro retroceso y eso preocupa en Europa, Canadá y Estados Unidos. 

Todo indica que el régimen se va a radicalizar, ¿qué podríamos esperar para 2022?

Con toda seguridad habrá mayor éxodo de nicaragüenses, aumentará la pobreza y la represión. No veo posibilidad de que Daniel quiera salir del poder. La comunidad internacional debió haber actuado unos años atrás cuando Ortega quebró la institucionalidad democrática forzando la Constitución para ser reelegido, ese era el momento para actuar con toda la fuerza que se está actuando ahora y tal vez ahí se pudo haber logrado algo. Ahora ya es imposible.

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