El hotel donde Suyén Barahona se hospeda en Madrid, España, tiene los pasillos de las habitaciones divididos por países de América Latina. Al darse cuenta, rogó para que la dejaran descansar en el dormitorio que tiene un cuadro gigante con panorámicas de Granada, Ometepe y Managua. Sin embargo, estaba ocupado. “Quería sentirme en Nicaragua”, dice al comienzo de la entrevista. 

A finales de enero, Barahona visitó la capital española para participar en un evento que reunió a mujeres líderes del mundo, sostener reuniones con miembros del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y funcionarios del Gobierno de España, que lidera Pedro Sánchez, y conversar con la diáspora nicaragüense en Madrid. En pocos días, Barahona cumplirá un año de haber sido desterrada a Estados Unidos tras más de 500 días en la cárcel.

Poco a poco ha retomado la normalidad de su vida, aunque reconoce que aún tiene secuelas de las torturas y el aislamiento que vivió en El Chipote, la temida prisión del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Dejó la presidencia de la Unión Democrática Renovadora (Unamos), aunque sigue siendo miembro del Comité Ejecutivo Nacional, y lidera un proyecto de Open Society que fortalecerá el liderazgo de las mujeres del sur del planeta. 

“Estábamos alegres de que no estábamos en la celda, pero también estábamos conscientes de que dejábamos Nicaragua”, dice, conteniendo el llanto, sobre el destierro de 222 presos políticos. En esta entrevista, además, habla sobre los pasos que está dando la oposición en aras de procurar la unidad e insiste en que la salida a la crisis que vive el país desde 2018 pasa por la celebración de elecciones “con garantías”.

¿Cómo ha ido este primer año en libertad, entre comillas? 

Me parece increíble aún. Ha sido una mezcla de emociones. Lo más lindo de todo este tiempo ha sido reencontrarme con mi familia, con mi hijo, de quien estuve separada 606 seis días. También he sentido mucho agradecimiento. La experiencia en la cárcel y posterior salida me permitió darme cuenta de todo lo que la gente hizo para presionar por nuestra liberación. 

¿Qué es lo que más valoraste en la cárcel? 

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Estar en la cárcel también fue una etapa para agradecer la vida, de ver la vida con otra perspectiva, de valorar muchas cosas que quizás no valoraba tanto antes.

Como cuáles…

Tomar el sol, respirar, caminar, abrazar a mi hijo y acurrucarlo. También escuchar música, tomar un cafecito caliente. En la cárcel reflexionaba sobre la comida caliente, comer lo que uno quiere.

Además de no ver a tu hijo, que fue duro, ¿qué otra circunstancia te marcó? 

El aislamiento al que fuimos sometidas particularmente las mujeres. Eso me impactó muy fuerte. Me costó volver a socializar y retomar el contacto humano. Ahora estoy en un proceso de adaptación y sanación. En los primeros meses me costaba lidiar con el sobreestímulo. Pasé de un ambiente solitario a salir al mundo exterior. Tengo algunas secuelas por la falta de lectura, la falta de escritura. Este tiempo ha sido un tiempo también de dolor, no lo voy a negar. Hemos salido pero al destierro.

¿Y cómo has llevado la muerte de Hugo Torres? 

Hasta finales del año pasado logré procesar un poco más el hecho de que salí de la cárcel y que Hugo Torres, mi amigo, colega, no había salido. Me ha costado mucho procesar la muerte de mi amigo.

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¿Qué fue lo último que hablaste con él?

La última vez que hablé con él fue antes de que nos encarcelaran, pero nos enviamos mensajes a través de nuestros familiares. Desde mi celda lograba ver quiénes pasaban por el pasillo hacia los interrogatorios y la clínica, por eso pude ver el deterioro acelerado de Hugo. Lo vi pasar en diciembre de 2022 en una silla de escritorio porque no tenían en El Chipote una silla de ruedas. Cuando me hacían interrogatorios pedía que lo llevaran al hospital, pero no hubo atención médica a tiempo.

Al no verlo regresar, ¿pensaste que había muerto? 

No, pensé que estaba muy mal. Yo le mandé un mensaje con mi familia de que le tenía muchos chistes. Le mandé a decir que lo quería mucho. Él igual respondió lo mucho que me quería. 

¿Qué pensaste en esas horas de vuelo de Managua a Washington? 

Fue impresionante, irreal. Fue como ir en un bus que iba hacia un mercado, un momento de inmensa alegría, aunque había temores entre nosotros de que sólo pudiera salir un grupo y no todos los que estaban desde antes de nuestro encarcelamiento. El vuelo sirvió para reconectar con gente que no había visto en años, pero que conocía. Había alrededor de 20 personas de Unamos que cayeron presas. (Llora) Durante el vuelo cantamos ‘Nicaragua nicaragüita’ y el Himno Nacional. Estábamos alegres de que no estábamos en la celda, pero también estábamos conscientes de que dejábamos Nicaragua. Nunca imaginé que íbamos a ser desterrados. 

Hasta el año pasado fuiste presidente de Unamos, ¿cuál es la situación del partido, qué se plantea de cara a la situación que atraviesa Nicaragua? 

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El haber logrado una convención virtual el año pasado fue un acto de resistencia, al igual que reagruparnos. Una de las metas que ha tenido la dictadura ha sido desarticular a todas las agrupaciones, y así me lo hacían saber en los interrogatorios. Nos estamos organizando para continuar aportando a la lucha por Nicaragua y lograr libertad, justicia y democracia.

Los miembros de Unamos están dispersos en varios países: Estados Unidos y España… ¿Cómo fortalecer a la organización en este contexto adverso? 

Estamos en todos lados, incluyendo en Nicaragua. Hay una parte que está en el exilio y creo que una de las tareas principales ha sido tejer las redes de comunicación que afortunadamente no se perdieron. Estamos otra vez en un proceso de reorganización de la resistencia desde donde estamos. Este es el momento de seguir la denuncia de lo que está pasando en Nicaragua. 

¿Ustedes son parte de Monteverde? 

Varios de los excarcelados estamos trabajando en el proceso de Monteverde, pero desde antes miembros de Unamos habían estado en el diálogo. Se ha ido poco a poco porque la realidad de la represión ha hecho un poco más lento las cosas para todos. 

Unamos tiene una propuesta, una estrategia, para Monteverde sobre cómo ven la salida a la crisis…

Nosotros sentimos que es prioritaria la reagrupación de las fuerzas de oposición. Hemos avanzado en denuncia, incidencia y organización, sin embargo hay mucha desinformación en la que se filtra supuestos pleitos. Hay diferencias, diversidad, pero también hay propósitos en común sobre los cuales estamos trabajando. Hay claridad de que queremos trabajar por la salida de la dictadura, que tenemos que lograr una transición por la vía pacífica que nos lleve a un proceso de elecciones libres y transparentes, pero con condiciones. Hay algunos ejes que todos compartimos: uno, la necesidad de golpear económicamente al régimen, y dos, seguir la denuncia que logre aislarlo más. El control y la represión de la dictadura son el reflejo de sus temores y debilidad, eso es importante tenerlo presente.

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Pero hay un sentir, temor, de que la situación en Nicaragua se extienda por más tiempo…

Hemos resaltado el hecho de que no hay que menospreciar las sanciones. Hay sanciones que aún se pueden aplicar, como las cláusulas de los tratados de libre comercio que tienen que ver con los derechos humanos y democracia, por lo tanto tiene que revisarse y abrirse a discusión. Me refiero al Acuerdo de Asociación de la Unión Europea y Centroamérica y el Cafta con Estados Unidos. 

De momento eso no se ha concretado y han decidido aplicar sanciones personales…

Creo que lo más importante son las gestiones en conjunto con la claridad de que son demandas consensuadas entre una diversidad de opositores. Además, Nicaragua es una olla de presión y en cualquier momento se puede dar el cambio por diversas razones y hay que estar preparados. En este momento la tarea principal es mantener la esperanza para continuar y no inmovilizarnos. 

¿Qué rescatan de la oposición venezolana para presionar al régimen? El tema ideológico fue un asunto difícil antes de 2021…

Un importante avance es definir una estrategia en común, hay unas pautas de lo que estamos de acuerdo y marca un poco el paso. Ha habido mucha generosidad desde otros países que han transitado de dictaduras a la democracia. Nadie se está planteando que se conforme un gobierno en el exilio, pero lo que se ha trazado es una ruta que logre ejercer la presión que lleve a  abrir el espacio en Nicaragua para cambiar las condiciones actuales.

¿Con miras a 2026 que hay proceso electoral en Nicaragua?

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Hay que hacer todo lo posible. Lo que tenemos claro en este momento es la tarea en conjunto, pese a que haya diferencias entre nosotros. Estamos buscando el apoyo para conseguir el debilitamiento de la dictadura. Nos planteamos una transición lo más pronto posible. 

Me decías que no se contempla un gobierno en el exilio, pero si Ortega llega a 2026, al igual que 2021, revalidaría su ilegitimidad… ¿Aún así no contemplan un gobierno alterno?

No hemos hablado de algo así. En este momento hemos coincidido en los ejes, en el trabajo que hay que desarrollar para cambiar la correlación de fuerzas. A Ortega hay que seguirlo debilitando y socavar sus bases.