Brilla el sol en suelo nicaragüense tras el paso del poderoso huracán Iota, pero este jueves, contrario a los días posteriores al Eta, los ánimos no son optimistas en la ciudad de Bilwi, en la costa Caribe de Nicaragua, una de las más afectadas por el impacto de ambos ciclones, con apenas 13 días de diferencia.

“El ánimo está por el suelo”, dice Randy Casanova, de 20 años, quien ha dedicado los últimos días a reparar su casa y la de familiares o amigos, en una calle céntrica de Bilwi, ubicada al norte de donde impactaron Eta el pasado día 3 e Iota el lunes pasado.

La situación empeora debido a la escasa ayuda humanitaria que llega a la ciudad y porque esta estaría siendo distribuida con lineamientos políticos, denuncian pobladores.

“Por donde vivo hay un albergue, les llevan comida, pero no lo suficiente, esa gente quedó sin nada, sólo con lo que anda puesto, a dónde van a ir si no tienen casa”, dice la habitante de Bilwi, Azucena Hompris.

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El gerente de Gestión de Riesgo y Emergencia del organismo Catholic Relief Services en Nicaragua, Cairo Jarquín, un experto en desastres, confirmó que “hay mucha destrucción, mucha afectación en el tema de vivienda, su sistema de abastecimiento de agua, infraestructura social, centros de salud, escuelas, templos”

“Todo eso que significa lo que constituye la infraestructura social, áreas de cultivo en las zonas más alejadas del mar”. Jarquín advirtió sobre los daños menos evidentes: “El impacto de dos huracanes seguidos acumulan daños. Si tenías una vivienda con posibilidades de reparar, estás alegre, pero entonces el otro se te lo lleva, el impacto emocional es fuerte”. 

Azucena Hompris relata que el Eta dejó su casa de un lado, sacó un crédito y la reparó, “pero vino el Iota y la dobló del lado que no habíamos reforzado, fue duro, porque necesitamos alimentos, pero mi familia vive del mar y ahorita no hay salida (trabajo)”.

“Todo está más caro, y la ayuda que viene sólo la reparten entre los sandinistas (oficialistas)”, denuncia.

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El señalamiento de Hompris coincidió con las denuncias de grupos opositores, que además llamaron a la sociedad nicaragüense a desobedecer al régimen y organizarse para ayudar a los sobrevivientes de ambos huracanes.

Mientras tanto, el régimen, que ha reconocido 21 muertos en ambos desastres, al menos tres menos que los que reportan otros sectores, ha reiterado que “lo importante es salvar vidas, porque lo material se repone”.

“Que venga a ver con sus propios ojos, cuánta gente quedó sin nada, esa gente cómo va a hacer, que no diga que lo material se recupera”, respondió Hompris.

Además, grupos como el Observatorio Independiente COVID-19, integrado por médicos y voluntarios, han advertido que las autoridades no brindan las condiciones para evitar la propagación de la pandemia en los albergues, ya que, además de hacinamiento, no se reparten mascarillas ni alcohol y el agua limpia con bajón no están garantizados.

AÚN NO HAY RECUENTO DE DAÑOS

A falta de un recuento de daños, ya está confirmado que la ciudad fue arrasada casi por completo: hay árboles y postes de servicio público derribados en las calles, escombros dentro y fuera de las parcelas familiares, del estadio municipal queda poco y el muelle que le daba sentido al nombre de la principal ciudad de la Región Autónoma del Caribe Norte (RACN), Puerto Cabezas, quedó totalmente destrozado.

Solamente Eta dejó pérdidas por 178 millones de dólares, equivalentes al 1,5 % del producto interno bruto (PIB) de Nicaragua, dijo este jueves el ministro de Hacienda y Crédito Público, Iván Acosta.

De estos, 15 millones de dólares corresponden a 1.890 viviendas que fueron destruidas, y 8.700 con daños parciales, en todo Puerto Cabezas, incluyendo Bilwi.

VIVIERON MOMENTOS DE PÁNICO Y MIEDO

“Con el Eta la experiencia fue fea cuando nos estaba desprendiendo el techo de la casa. Fue horrible. El pánico, el miedo, nos atacó, pero vino Iota con lluvia y vientos más fuertes, fue un momento horrible. Hay mucha gente que lo está lamentando”, continuó Casanova.

Al igual que muchas familias en la RACN, la de Casanova no se echó a temblar en un rincón a esperar que pasara el vendaval, sino que enfrentó la adversidad.

“Nos subimos a reparar los zinc (techo) a la medianoche, pero no fue buena idea, los zinc volaban por los aires, era peligroso”, contó.

Sin embargo, al igual que muchos, los Casanova perdieron la batalla ante dos colosos de categoría 4 en la escala Saffir-Simpson (el Iota alcanzó la categoría 5, máxima, antes de que su ojo tocara tierra).

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“Nos dañó el techo y reventó las ventanas. Gracias a Dios nuestra casa es de concreto, porque lo normal es que aquí son de madera”, lamentó.

De las comunidades costeras no se sabe nada, en especial Haulover, donde tocó tierra, a pesar de que ya pasaron tres días del impacto y uno de que Iota se desvaneció.

Jarquín calificó de “fuerte” el impacto de Eta en la zona, y con Iota se empeoró más la infraestructura social.

“Muchas comunidades, hablando del litoral, todas las que están sobre la costa del mar, por donde entraron estos dos huracanes, creo que ahí ya no debe quedar mucho en pie, lo poco que pudo haber quedado de Eta, Iota lo debió arrasar, incluyendo medios de vida, que no se sabe si los van a encontrar”, valoró Jarquín.

Unas 38.000 personas se encuentran en 250 albergues en Bilwi, están vivas, tienen alimentos, pero no mucho más.

Con información de EFE.

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