Luisa Rizo Laguna siente impotencia. Indignación. El 19 de julio de este año, frente a su casa, vio cuando Abner Onell Pineda desenfundó una pistola, haló el gatillo y su hijo Jorge Luis Rugama se desplomó. Murió de forma instantánea en la acera. Fue un disparo a quemarropa. Un crimen por el que el autor no pasará ni un día más en prisión.

La mañana de este jueves vio a Pineda salir caminando de los Juzgados de la Trinidad, Estelí: “Yo ya sabía asesino que te iban a dejar libre”, le gritó con rabia porque en la audiencia ni siquiera se le permitió hablar.

Después de casi cuatro meses de peregrinar en busca de justicia por el asesinato de su hijo, cuando Luisa regresó a su casa esta tarde se derrumbó en llanto. Desde el inicio del juicio era consciente de que el hombre que mató a Jorge Luis podría no pagar la pena carcelaria que correspondía. “Es una burla”, reprocha en declaraciones a DESPACHO 505.

Abner Onell Pineda, de 35 años, no solo fue privilegiado con una pena menor por los delitos de homicidio y tenencia ilegal de armas de los que fue acusado cuando se le abrió proceso. Este jueves, el juez Erick Ramón Laguna Averruz, titular del Juzgado de Distrito Penal de Juicio de Estelí, ordenó que fuera liberado.

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Luisa, de 73 años, relata que en los juzgados de Estelí, logró contener sus lágrimas cuando escuchó la sentencia que privilegia al hombre que segó la vida de su hijo porque gritó “Viva Nicaragua libre”, luego de una caravana de simpatizantes sandinistas en la que participaba Abner Onell Pineda.   

“Aunque desde un inicio sabía que este hombre quedaría en libertad,  no pude evitar las lágrimas al regresar a mi casa, porque estoy muy indignada. Todo  el proceso fue una burla y esta sentencia es  ignorancia (del juez), deja la impresión que al que mataron fue a un gato”, recrimina desde su vivienda en el barrio Francisco Alvarado, del municipio de La Trinidad, Estelí.

Sospecha que Pineda, extrabajador de la Alcaldía y fanático orteguista,  ni siquiera enfrentó el proceso en la cárcel,  ya que nunca llegó a las audiencias de juicio vistiendo el uniforme azul que desde 2018 obligan a usar a los reos. Para  hacer creer a la opinión pública que estaba detenido los policías lo esposaban al ingresar y salir del complejo judicial, refiere.

“Pero este es el tipo de gente que necesita el gobierno y por eso lo dejaron en libertad  y, aunque llore, le doy gracias a Dios por la fortaleza que me ha dado en todo este proceso y  agradezco la solidaridad de muchas personas del municipio que también se han mostrado muy indignadas”, expresó.

JUEZ LE NEGÓ LA PALABRA

Aunque las autoridades judiciales no están cumpliendo  con su función de impartir  justicia en la tierra, “Dios se encargará  de ejercerla”, sentenció la mujer.

“El juez ni siquiera me permitió la palabra para desahogarme y yo quería hablar antes de que diera lectura a su sentencia e indignada no me quedó más que aprovechar el momento en que iba saliendo el acusado para  gritarle: ‘Yo ya sabía asesino que te iban a dejar libre'”.

La víctima era el único hijo de Luisa. Según la acusación presentada por la Fiscalía, fue asesinado a las 6:30 de la tarde de un balazo en el cuello que le propinó Pineda.

Al momento del crimen Jorge Luis Rugama se encontraba frente a su casa de habitación  y detrás de él estaba su mamá, quien observó  el instante en que Abner Onell Pineda le disparó.

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De acuerdo con la Fiscalía, Pineda se encontraba en una esquina en compañía de otros hombres que estaban ingiriendo licor. Indican que comenzaron a insultar a Jorge Luis  y este al molestarse les lanzó piedras. En repuesta el acusado se le acercó con el revolver en mano y sin decir palabra haló el gatillo.

Por estos hechos la Fiscalía  acusó a Pineda de homicidio y tenencia o portación ilegal de armas de fuego, pero en su sentencia el juez cambió cambió la tipificación del delito por el de homicidio imprudente.

De esa  manera el juez convirtió el crimen en una muerte accidental y en la polémica sentencia 340-2020 también declaró no culpable a Pineda por portar armas de fuego sin autorización.  

En Nicaragua el delito de homicidio se castiga con penas de 10 a 15 años, pero el juez al cambiar la tipificación del delito puso al acusado frente a una pena carcelaria de 1 a 4 años. Al final le aplicó la mínima.

En la misma sentencia el juez ordenó  la suspensión de la pena y la inmediata libertad del “condenado”,  quien deberá presentarse una vez al mes a los Juzgados de Estelí, a partir del 19 de diciembre. En la sentencia le prohíben  visitar lugares de entretenimiento y recreación  y tomar represalias  contra policías, víctimas y testigos del proceso penal.

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