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Carlos Tünnerman Bernheim, el intelectual que descifró a Ortega y ganó todas las partidas de la vida

Quienes compartieron escuadra política lo recuerdan como un hombre incorruptible y con una calidad moral difícil de superar. Fue un luchador por la democracia, rector, ministro de Educación, embajador, escritor y ensayista: un maestro. Se casó con su prima, tuvo siete hijos y declaró a sus 86 años haberlo logrado todo.

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  • abril 01, 2024
  • 01:59 PM

Cuando el 16 de mayo de 2018, Daniel Ortega, intentó responder a las duras demandas que le hicieron en la Mesa del Diálogo Nacional, a la única persona que se dirigió fue al doctor Carlos Tünnermann Bernehim. Dio la impresión que el acorralado dictador de esos días, buscó alguna pizca de alivio en un rostro que para él era conocido y quien, además, era su vecino en Managua.

Pero fiel a sus principios, “el doctor Tünnerman”, como toda Nicaragua lo llamó toda su vida, no cedió ni un pelo y lo regañó después con la fina dureza que por años le granjearon la fama de académico en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-LEÓN). “Don Daniel Ortega, su discurso ha sido decepcionante”, se oyó decir en aquella sala donde el dictador y su esposa, Rosario Murillo, pasaron las peores horas de su vida política y desde donde salieron convencidos de que solo matando podrían quedarse en el poder, tal y como ocurrió.

El hombre de baja estatura, siempre bien peinado y con guayabera blanca de mangas largas impecable, le dijo al dictador que todo el país exigía que la Policía que él alzó contra los manifestantes volviera “a sus cuarteles”, que desarmara a los  paramilitares y que dejara de cometer los crímenes que había ordenado. “Usted no vino aquí con un mensaje de paz”, le espetó, mientras las caras de Ortega y Murillo, flanqueados por Bayardo Arce y Dennis Moncada, el fiel canciller, parecieron tensarse más.       

El doctor Tünnermann lo había hecho de nuevo y a sus 86 años se anotaba un pasaje histórico más a una vida que nadie olvidará en Nicaragua. 

El doctor Carlos Tünnermann Bernehim falleció el martes 26 de marzo, a menos de dos meses de cumplir los 91 años. Según sus propias palabras, consiguió en su vida todo lo que había querido tener. A la Revista Magazine de La Prensa, le confió en 2019, que fue feliz en el amor y llegó con sus letras y su pensamiento dónde se lo propuso.  

LOS APELLIDOS DIFÍCILES Y EL MATRIMONIO CON SU PRIMA  

Quienes han escrito sobre la vida de este personaje, terminan concluyendo que es difícil atrapar toda su vida en un texto corto. Incluso, el problema comienza con sus generales. Sus padres decidieron que se llamara Carlos como su padre, Carlos Tünnermann López. El nombre del doctor es popular en Nicaragua, pero no sus dos apellidos de origen alemán, los que exigen una diéresis y letras duplicadas y “mudas”.     

Pero Carlos Tünnermann Bernehim no heredó ningún rasgo ni costumbre europea. Nació en Managua el 10 de mayo de 1933 y el sol, el clima de la capital hizo el resto. Óscar René Vargas, quien además es su pariente lejano por parte de la familia de su padre, ha perdido la cuenta de cuantos años lo conoció. “De toda la vida, la verdad”, dice el analista a DESPACHO 505.

“Nos unía la vida, fui muy amigo de él y de su esposa, Rosa Carlota”, comparte. 

Vargas, es otro personaje de un grupo en el que se encuentra el escritor Sergio Ramírez Mercado, la defensora de Derechos Humanos, Vilma Núñez de Escorcia, entre otros,  inscritos en una listado de estudiantes de leyes que le conocieron la sabia, la paciencia y los regaños en las aulas universitarias. “Si fui su alumno, es una ironía, porque crecimos casi juntos, aunque él era mayor. A simple vista era un hombre que poco decía de lo importante que llegó a ser”, reflexiona Vargas. 

El segundo apellido se lo debe a su abuelo materno don Edmundo Bernheim Dreyfus, también de origen alemán, quien huyó a Francia cuando los nazis de Hitler empezaban a desatar el infierno. A Nicaragua llegó con un grupo de judíos franceses a fundar una comunidad en León y entre más de una docena de hijos, se contó a doña Lydia Bernheim Alemán, la madre del doctor Tünnermann. 

En una relación complicada contada por el mismo Carlos Tünnermann, pero que terminó en matrimonio, Carlos Tünnermann López y Lydia Bernheim Alemán, le dieron la vida a él y a tres hermanos más. Don Carlos era un pianista talentoso y doña Lydia, enseñaba clases de literatura a familias de abolengo de León. La disparidad entre un músico y una intelectual no era algo que la familia Bernehim Alemán viera con buenos ojos, por lo que terminaron comprometiendo a doña Lydia con Constantino Pereira, un integrante de una familia pudiente, un mejor partido, según la sociedad leonesa de la época. 

Pero como admitió el mismo doctor Tünnermann a Magazine, el amor en su familia es propio de guiones para novelas del corazón. Al reencontrar su papá a doña Lydia, después de meses de no verse, le propuso matrimonio y ella no dudó en aceptar, pese al compromiso que tenía y los preparativos de boda que ya estaban encaminados. Al parecer, el pretendiente de doña Lydia no sufrió mucho por el revés y, tiempo después, cortejó a la hermana mayor y se casó con ella. 

De este matrimonio nació Rosa Carlota Pereira Bernheim, la prima del doctor y quien terminó casado.  Vivieron más de 50 años y procrearon a siete hijos: Carlos, Edmundo, Rosa Carlota, Alejandro, Ingrid, Carla y Patricia. El cuarto de la lista, Alejandro, fue perseguido por el régimen Ortega-Murillo que en mayo de 2019 le desmanteló un negocio en el Mercado Oriental y lo acusó de tener armas escondidas. 

Pocos le dieron crédito a la acusación debido a que el régimen ha utilizado a la Policía para fabricar pruebas contra sus opositores. En tanto, el doctor Tünnerman no cedió ni un ápice y mantuvo su postura contra la dictadura desde la Alianza Cívica que coordinaba y que intentó negociar una salida democrática a la crisis política que vive Nicaragua desde el 2018.        

EL SEÑOR RECTOR Y EL DESCUBRIMIENTO DE LEÓN VIEJO  

La vida intelectual del doctor Carlos Tünnermann Bernheim comenzó en el Instituto Pedagógico de Varones de Managua. Se doctoró en Derecho en la UNAN-LEÓN en 1957 e  hizo estudios de posgrado sobre Currículo en el Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación de la Unesco, en París.

Tünnermann Bernheim llegó a ser un colaborador muy cercano al rector de su universidad, Mariano Fiallos Gil, hasta llegar a ser nombrado secretario general del Alma Mater de 1957 a 1964. Ambos trabajaron arduamente en el proyecto de Autonomía Universitaria que primero fue un decreto, bajo la administración de Luis Somoza Debayle, y que después, se convertiría en Ley. 

Los principios de la Autonomía sentaron las bases para anidar las rebeliones universitarias contra la dictadura de ese tiempo.  Tras la muerte de Fiallos Gil en 1964, Tünnermann fue elegido como su sucesor y presidió la rectoría de la universidad hasta 1974. Para Óscar René Vargas, el doctor Tünnermann modernizó la Educación Superior en Nicaragua al ampliar la oferta académica y redefinir su papel científico-social en Nicaragua.

“Para mí el mayor aporte de Carlos fue en educación. Cambió la concepción que se tenía de la formación universitaria al vincularla al desarrollo del país: trabajó en la Autonomía, hizo crecer la universidad estatal”, comenta. 

A Tünnermann se le atribuye también el descubrimiento de las ruinas de León Viejo, una investigación que concretó su rectorado con especialistas de la UNAN-LEÓN y que vieron los frutos de su esfuerzo intelectual en 1967. El hallazgo desenterró 357 años de historia al confirmar que las ruinas pertenecían al primer asiento de la ciudad León, abandonada bajo lodo y cenizas del temido Volcán Momotombo, a orillas del lago Xolotlán. 

65 años después de haberlo visto por primera vez en un aula universitaria, Sergio Ramírez Mercado se sigue considerando un alumno de Tünnermann Bernheim. Lo dijo en su red social, hace cuatro días, cuando conoció el deceso del maestro. 

“Con Carlos (Tünnermann) aprendí que el derecho era algo más trascendental que los litigios en los juzgados y los protocolos de los notarios (…)”, escribió con afilada prosa en la que contó detalles de aquel encuentro.  “Uno es siempre, en muchos sentidos, la consecuencia de la obra de su maestro. Y yo seguiré sacando enseñanzas de su obra y de su vida”, agregó el laureado escritor.

EL DEFENSOR DE TOMÁS BORGE

Como miles en Nicaragua, Tünnermann Bernheim no pudo escapar a plantarle cara a la dictadura de la familia Somoza que sometía al país desde hacía 40 años, pese a que bien pudo acomodarse y evitarse problemas en la convulsa Nicaragua de aquella época. 

En 1979, metido a la resistencia política en el llamado Grupo de los Doce, a dónde llegó por invitación de su alumno Sergio Ramírez, dijo en una conferencia de prensa que Anastasio Somoza Debayle, el último de los dictadores de aquella familia, “se tenía que ir” y eso era sí o sí.  “Lo que el pueblo de Nicaragua quiere es que Somoza se vaya y que se vaya lo más pronto posible, porque de lo contrario, se va ir sobre una montaña de cadáveres y un país en ruinas”, sentenció.

Vargas dice que aquel episodio no fue la primera expresión de Carlos Tünnermann en la histórica lucha contra aquella dictadura. “Como Rector lo hizo, claro debía cuidarse como autoridad, pero siempre mostró su postura de oposición a la persistente violación de los derechos humanos en el país y los desmanes de la dictadura de Somoza”, recuerda. 

Y si. En un episodio que poco se menciona, Tünnerman asumió la defensa legal de Tomás Borge, el fallecido comandante sandinista que antes del triunfo de la Revolución fue llevado a juicio junto a otros acusados de participar en la conspiración que llevó a la muerte a Anastasio Somoza García, en vísperas de buscar una reelección. El atentado político que significó un baño de sangre de responsables e inocentes, ocurrió en León el 21 de septiembre de 1956.

En la reconstrucción del país después de la caída del régimen somocista, fue nombrado hasta agosto de 1984, ministro de Educación.  Desde esa silla, lideró junto al padre Fernando Cardenal, la Cruzada Nacional de Alfabetización de 1980, uno de los pocos logros de aquel sandinismo y que Ortega también ha manipulado, queriendo borrar los créditos de sus actores principales. 

“El EMBAJADOR QUE VOLVIÓ A CASA”                         

Después de 1984, con las primeras elecciones democráticas que tuvo el país tras la caída de la dictadura de los Somoza y el Frente Sandinista convertido en un partido, fue promovido a embajador de Nicaragua en Estados Unidos. El cargo lo ocupó hasta 1988, debido a que ese año el gobierno de Ronald Reagan lo echó del país  como respuesta a la expulsión del embajador de Estados Unidos en Managua Richard Huntington Melton y de otros siete diplomáticos estadounidenses. 

“El embajador vuelve casa”, tituló The New York Times para contar el conflicto diplomático que protagonizó el mismo Daniel Ortega, un presidente por esa época, que usaba anteojos gruesos, vestía de verde olivo y cargaba un arma al cinto. 

En 1988, Carlos Tünnerman fue elegido diputado del Frente Sandinista. Convencido de la deriva en la que estaba la agrupación rojinegra renunció a la militancia coincidiendo con la derrota electoral de 1990. Después de ese año, Tünnermann Bernheim se volcó al tema educativo, participó en la elaboración de la Ley N° 89, Ley de Autonomía de las Instituciones de Educación Superior que actualizó el decreto presidencial de los Somoza.  Por sus investigaciones en esa línea, ensayos y libros, logró que en agosto de 1995 la Academia Nicaragüense de la Lengua le otorgara su ingreso. 

EL VECINO DEL DICTADOR 

Juan Sebastián Chamorro creció oyendo el nombre de Carlos Tünnermann Bernheim debido a las idas y venidas de su familia en la vida política nicaragüense, aunque admite que su cercanía a esta familia fue más por la amistad con sus hijos, especialmente con una de las últimas. 

Fue la crisis política desatada en 2018 la que, dice, lo terminó acercando al personaje.  Antes, sólo era para él un nombre y un rostro que salía en televisión y leía en los periódicos. 

Chamorro cuenta que su paso por la Alianza Cívica le granjea al doctor Tünnermann un liderazgo extraordinario. “Don Carlos era una autoridad moral muy elevada, era un hombre que no levantaba la voz, no se imponía, era sumamente respetuoso”, recuerda.   “Yo lo defino ante todo como un hombre respetuoso de las ideas variadas, alguien que escuchaba y trataba de siempre conciliar en las diferencias”, destaca.

¿Será por eso que Ortega nunca pensó en secuestrarlo y enviarlo a la cárcel como lo hizo con Chamorro y parte de los 221 ciudadanos que se le opusieron?  Vargas cree que era un hombre con mucho prestigio. “El costo habría sido muy alto”, considera. “Era una intelectual de mucho respeto y con una edad muy avanzada”, argumenta. 

El analista agrega otra hipótesis. Cree que el intelectual ya estaba bajo severa vigilancia al vivir cerca de la casa del dictador. “Todo movimiento era controlado, ya vivía en una cárcel como todos los nicaragüenses”, añade Vargas.  

Pero Tünnerman solía tomarlo por el lado más amable. Con humor decía que Ortega le había hecho perder amistades que consideraban tedioso visitarlo, pero que tenía sus ventajas. “Es un lugar seguro”, ironizaba. Sin desearlo, el dictador cuidaba en su perímetro de seguridad a la misma voz que lo invitaba a dejar el poder en aquellas conversaciones que no lograron contener el derrame de sangre. 

Estaba confinado a soportarlo, además de ser quien era, Tünnerman Bernheim fue uno de los primeros habitantes de El Carmen, el residencial que la familia Ortega-Murillo ha engullido en Managua. Es más, las residencias se levantaron en terrenos que su suegro donó, sin mencionar que el dictador vive en la casa que le confiscó a uno de los exvicepresidentes que ha tenido, Jaime Morales Carazo. 

LOS ATAQUES PERSONALES 

Es difícil saber cuánto sufrió el doctor Tünnermann Bernheim al saber que una de sus posesiones más valiosas, los anaqueles de más de 10.000 libros e incontables documentos históricos donados a dos universidades privadas del país, la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli) y la Universidad Centroamericana (UCA) pasaron a manos de la dictadura. “No son valores en número, son los valores históricos, una cosecha intelectual de toda una vida”, resume Óscar René Vargas al respecto.         

Pero también es posible que el intelectual se esperaba algun tipo de venganza del mal vecino.  Daniel Ortega nunca fue un político indescifrable para el doctor Tünnerman, como tampoco lo fue Somoza. Sabía por dónde venía, conocía su mayor fortaleza y sus debilidades, como sabía también las debilidades y las fortalezas del bloque opositor que él dirigía. 

Consideraba, por ejemplo, como mayor debilidad de Ortega tener el control de la Policía y las armas en manos de los paramilitares. “Estar desarmados ante la violencia que ellos desatan es nuestra mayor fuerza”, decía. 

Fue de los que tuvo claro que aquel día que Ortega dejó el Diálogo Nacional, ya había decidido no irse por las buenas, y que ese mismo día, los asesinados, las madres, los manifestantes que estaban resistiendo ya le habían ganado la partida. Lo que hacía falta, a su criterio, era ganar el país. “Si Ortega pierde las calles, sabe que lo pierde todo. Ese el mayor problema para él y para nosotros”, llegó a decir.

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