Félix Maradiaga: “A mí nadie me está pagando, tengo un trabajo que no tiene nada que ver con Nicaragua ni con la política” 

El politólogo y excarcelado político revela por primera que fue confiscado y dice a cuánto asciende lo robado.

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  • July 24, 2023
  • 12:48 AM

Por primera vez, Félix Maradiaga revela que desde 2018 la dictadura de Daniel Ortega le ha confiscado varias de sus empresas, pequeñas inversiones y cuentas bancarias que tenía en Nicaragua. También, dice a cuánto asciende lo robado. No obstante, rechaza categóricamente que, cuando llegue la democracia, el Estado deba compensar a las víctimas de las confiscaciones. “Tienen que pagar los usurpadores, los que robaron”, zanja.

El excarcelado político y exaspirante presidencial hizo una pausa en una gira de incidencia política por Europa para conversar con DESPACHO 505 en Madrid, España. Se explaya explicando sobre Monteverde y, pese a los señalamientos de exclusión, sostiene que las incorporaciones están abierta, pero que el proceso “no puede ser un plenario infinito”. Además, marca líneas rojas para las nuevas incorporaciones: no pueden ser parte aquellos que defiendan una insurrección armada para salir de la dictadura en Nicaragua. 

Con menos soltura, Maradiaga habla de su paso por la prisión de tortura conocida como El Chipote, en Managua. Tras casi seis meses en libertad, le cuesta mostrarse vulnerable. "En algún momento debo tomar una pausa y hacer una revisión de cuáles son los traumas", reflexiona al contar que llega a sentir culpa de tener los privilegios de lo cotidiano: sentarse a comer, compartir con su familía, la libertad misma. "Lo que he tratado de hacer es convertir ese dolor en un servicio a la causa de los presos políticos y poder combatir a la dictadura", añade.  

https://youtu.be/rD1_PZteXpw

Monteverde ha estado envuelto en críticas de exclusión algunos sectores, principalmente juveniles. ¿Cómo está el proceso actualmente? 

El proceso de Monteverde ha sido de un diálogo interno de la oposición nicaragüense donde a lo largo de este proceso ha habido momentos difíciles. Nosotros, los que nos acabamos de involucrar y que durante casi dos años estuvimos presos, agradecemos que, a pesar del encarcelamiento y el exilio, la oposición nicaragüense no dejó de trabajar.  

Las personas exiliadas en Costa Rica, por ejemplo, al ver que los precandidatos presidenciales habían sido arrestados no permitieron que la oposición se desmontara por completo. Hicieron una serie de reuniones, no solo me refiero a Monteverde, sino otras expresiones que se mantuvieron activas. Ahí nace el proceso de Monteverde, con algunos traspiés, algunas deficiencias.  

Yo he señalado muy claro que fue un proceso que con el ánimo de proteger la confidencialidad y hacer las cosas de una manera donde no se ventilaran las diferencias de la oposición en público, como sucedió en otro momento, se hizo de manera muy sigilosa. Eso creó una sensación de secretismo que le hizo mucho daño a un proceso muy bien intencionado y plural. Además, con el ánimo de mantener un grupo pequeño y compacto que pudiera avanzar en este proceso de diálogo de la oposición no se dio la inclusión que se debió haber dado a ciertos jóvenes. Fueron errores que hoy los está pagando el proceso.  

Yo creo que lo mejor para poder darle a este proceso la confianza y la credibilidad es la total franqueza. Eso inicia por reconocer las debilidades de un proceso que pudo haber caminado mejor con una estrategia de comunicación más directa y efectiva. 

¿Y en qué parte del proceso estamos ahora, una vez que se tienen claras esas “debilidades”? 

Se han electo unas vocerías, de hecho, estoy en Europa invitado como uno de los voceros oficiales de Monteverde y estamos planificando desde ya la próxima visita que será más colegiada. Monteverde ha aclarado que no somos una organización sino un proceso interno de concertación. Las personas que estamos ahí estamos a título personal, no representamos a organizaciones y dentro del proceso concertamos acciones puntuales. Además, se reconoce que no somos un proceso exclusivo de representación de la oposición, no pretendemos arroparnos con esa etiqueta, pero es un espacio donde nos tenemos que encontrar para tener unidad en la acción. Eso le ha llamado mucho la atención a las autoridades europeas, por ejemplo.   

¿Pero, Félix, están abiertos a seguir sumando personas para acabar con esas inconformidades? ¿Cuáles serían los parámetros a tener en cuenta para esas incorporaciones? 

Monteverde no solamente está abierto a esa posibilidad, sino que tiene que hacerlo. No obstante, como las sumatorias son a título individual y el proceso tiene una lógica plenaria, no puede ser un plenario infinito. La oposición está conformada por miles y miles de nicaragüenses con opiniones diversas. Lo que se tiene que encontrar es logística para que no se convierta en un plenario inmanejable desde el punto de vista de comunicaciones y coordinación.  

Hemos establecido una Comisión de Acercamiento que, sobre la base de un mapeo de las distintas expresiones de oposición que tienen cierto arraigo con el territorio nicaragüense, que tienen un reconocimiento nacional e internacional, que tienen un liderazgo representativo, que son sensatos y cumplen con una característica que es la única línea roja fundamental que establece quién puede y quién no ser parte del proceso. Es el tema de la no violencia: grupos que hacen una invitación a la insurrección armada, con todo respeto, tienen una estrategia distinta a la nuestra que es la salida por la vía pacífica. 

La estrategia de oposición es muy diversa y tiene distintos puntos de vista. Por esa razón, no podemos excluir a personas que tengan perspectivas razonables, a quienes hablan de la importancia de un diálogo diplomático de alto nivel. Si el régimen acepta tener un puente de comunicación con alguna misión diplomática internacional deberíamos como oposición avalar eso. Hay personas que piensan que es inefectivo, que hay que trabajar directamente en la ilegitimidad del régimen. Esas son propuestas totalmente válidas y el proceso de Monteverde es donde se deben discutir con transparencia las distintas alternativas. Es un espacio donde tenemos que concertar las estrategias y la única línea roja es aquellos que apelan a la violencia armada.  

¿Cómo pueden convencer a esa gran mayoría del pueblo nicaragüense que se opone al régimen de que realmente pueden lograr un cambio, más aun estando afuera? Después de cinco años de crisis, exilio y represión no se vislumbra una salida y seguimos hablando de conseguir la unidad.  

Recordemos que la táctica de los tiranos es la expulsión y el destierro de la oposición. Cuando estás desterrado tenés que ver cómo sobrevivir, cómo llevar el pan a la mesa y combinar eso con las distintas causas de la oposición. Por ejemplo, a mí nadie me está pagando. Yo tengo un trabajo que no tiene nada que ver con Nicaragua ni con la política, pero afortunadamente tengo la flexibilidad de poder dedicar parte de mi tiempo a este servicio a Nicaragua.  

No es una situación exclusiva de Nicaragua y no seamos tan duros con nosotros mismos como exilio. El exilio es sumamente duro y se hace lo que se puede desde el destierro, desde la lejanía del tiempo y la distancia.  

¿Pero, cómo pueden darle confianza a ese exilio, a esa oposición? 

Es una combinación de varias cosas. En primer lugar, con franqueza, autenticidad y comunicando porque los secretismos generan demasiada desconfianza. Sé que es caro y, contrario a lo que mucha gente dice, no hay un financiamiento para que andemos de arriba para abajo. Yo estoy ahora en Europa gracias a la generosidad de la bancada Renew Europe y de la fundación liberal Friedrich Naumann que me ha invitado. A veces hay invitaciones que te pagan un boleto, pero ir a visitar a la comunidad nicaragüense, tener esos conversatorios no los financia nadie e implican un gran esfuerzo. Creo que ha hecho falta reunirse con la comunidad de manera clara y transparente y conversar sobre los desaciertos.  

En segundo lugar, es dar un sentido de dirección y claridad para tratar de combatir la confusión y el desacierto. Han surgido muchas voces que lamentablemente siembran desesperanza y que lo que comparten es un permanente debate dentro de la oposición.  

Pero el debate es necesario.  

Hay que reconocer que hay debates que son sanos y hay que tenerlos, nadie debe tener un cheque en blanco. El cuestionamiento es correcto, pero hay otras voces que siembran mucha desesperanza. Eso al exilio le duele, porque cuando abre sus redes sociales y lo que ve es un “rifi rafe”, pues es más que obvio que mucha gente se está cansando.  

En tercer lugar, hay una gran preocupación sobre el estatus migratorio a la gente en el exilio. Por eso, yo he insistido en que dentro de las conversaciones internacionales hay que agregar ese tema. Yo no he aceptado la nacionalidad española por varias razones de conciencia, pero una de las razones es para poder abrir un tema de conversación con mis amigos europeos. Lo hago para dejar claro que habemos miles de nicaragüenses que estamos en una situación de limbo jurídico en Europa, Estados Unidos, Costa Rica. Eso hace que una persona que tiene ese limbo migratorio no pueda dedicarse tampoco al trabajo de oposición. Tiene que ser tan importante abogar por ese estatus migratorio, como las otras acciones.  

Hablemos de monseñor Rolando Álvarez que se resiste al destierro. ¿Cómo ven desde la oposición la resistencia del obispo y qué daño le puede hacer al régimen mantenerlo en esas condiciones? 

Lo de monseñor Álvarez es un acto de valentía y coherencia espiritual de un pastor que no abandona a su grey. Eso solo puede hacer alguien desde una perspectiva fe. Creo que le está haciendo tremendo daño al régimen porque esto no estaba en los cálculos de Ortega. Pensaba que aquel 9 de febrero monseñor Álvarez se iba a montar en el avión de cara al destierro y no lo hizo.  

Ahora nuestra labor ha sido abogar por la liberación de monseñor Álvarez sin condiciones porque no obstante de la valentía de monseñor, este es un sufrimiento que no hay que darle más tiempo. Yo admiro el acto de monseñor Álvarez, pero yo no quiero que esté ahí, yo quiero que salga lo más rápido posible. Le está haciendo daño al régimen, pero es un ser humano que está sufriendo; le está haciendo daño al régimen, pero está secuestrado. Nosotros hemos puesto su libertad y la de todos los presos políticos como un elemento fundamental en los mensajes de presión internacional.  

Estamos proponiendo a monseñor al premio Sájarov de derechos humanos del Parlamento Europeo, que es solo superado por el Premio Nobel. Es una forma de darle visibilidad a la causa de un hombre, de un pastor, un defensor de derechos humanos que ha hecho un enorme sacrificio por el pueblo de Nicaragua.  

Sobre tu experiencia en la cárcel hace casi seis meses. ¿Cómo recordás tus días en prisión? 

Lo más duro para mí fue el hecho de no poder tener contacto con mi hija Alejandra ni con mi esposa. El asilamiento extremo fue lo más duro. Además, había privación de alimentos, de luz, interrogatorios interminables, la golpiza con la que fui recibido en El Chipote. Te admito que me cuesta todavía hablar un poco de eso, tengo un comportamiento muy poco dado para abrirme a la vulnerabilidad. En algún momento debo tomar una pausa y hacer una revisión de cuáles son los traumas. Me cuesta sentarme en una mesa a comer pensando que hay gente presa, sentarme a platicar con mi esposa sabiendo que hay gente que está privada de la familia.  

A veces uno se siente culpable hasta de estar libre, porque estamos acá y otros se quedaron. Obviamente el responsable es Ortega, pero es uno de los traumas. Lo que he tratado de hacer es convertir ese dolor en un servicio a la causa de los presos políticos y poder combatir a la dictadura.  

Te desterraron, te quitaron la nacionalidad y se ha hablado también de confiscación de bienes. ¿Has calculado a cuánto ascienden tus pérdidas? 

Recordar que tuve un juicio en ausencia en el 2018, en ese juicio se expropió no solo al Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP), sino todo lo que tenía en Nicaragua. Particularmente cuestas bancarias, certificados de depósito y otras inversiones. Este es un tema que nunca lo he tocado en público. En el 2018 se expropió mi empresa que estaba enfocada en estudios ambientales y de energía solar fotovoltaica. La gente me conocía más tal vez por mi papel en el IEEPP, pero muy poca gente sabe que también soy ingeniero en energía renovable y he sido un inversionista en ese ámbito.  

Desafortunadamente perdimos mucho. Sin embargo, en el 2018, aunque también ahora, para mi estaba tan fresco y tan cercano la muerte y las heridas de la gente que nunca me atreví a hablar en público de mis expropiaciones porque me parecía —como en efecto lo es— que otros habían perdido mucho más. Para mí era en ese momento hasta mezquino hablar de mi pérdida económica. Es una pérdida significativa, he trabajado toda mi vida y he sido curioso en emprender en pequeños negocios y todo se perdió. La parte que todavía me cuesta superar emocionalmente es que muchas personas que confiaron en mis proyectos también perdieron injustamente. La cuantificación sobrepasa los cientos de miles de dólares.  

Esta es una forma de represión que afecta también a las próximas generaciones porque en algún momento el Estado de Nicaragua deberá indemnizar a las víctimas.  

Yo fui confiscado en los años ochenta y el dolor de ver cómo tu familia pasa de la prosperidad y la pobreza. El robo, lo que fue la piñata fue doloroso y es una herida que está ahí. Siempre tuve claro que mientras no haya democracia y libertad la propiedad privada no es respetada, y sin propiedad privada muchos de los otros derechos pasan a un segundo plano. La propiedad privada es el cemento que permite consolidar el capital humano, el emprendimiento.  

No obstante —y esta es una opinión personal—, yo rechazo categóricamente lo que pasó en los años noventa donde las personas que robaron propiedades no las compensaron y las pagó el Estado generando una deuda de más de 2.000 millones dólares que todavía se está pagando. Yo creo que todo lo robado tiene que regresar a sus legítimos dueños, pero quien lo tiene que pagar son los usurpadores, los que robaron, no el Estado. Yo jamás recurriría en una situación de democracia a ser compensado por el Estado de Nicaragua, porque no me atrevería a recibir dinero que debería ir a educación, salud, a los más pobres.  

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